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Una de las conductas resultantes en infracción de nuestra Ley de Tránsito es “conducir utilizando manualmente teléfonos móviles, o cualquier aparato de distracción en el manejo”. Usted puede concluir que si ese dispositivo no lo va usando “manualmente”, entonces no hay infracción. Es decir, el legislador dejó riesgosamente permitido conducir y hablar mediante “manos libres”, con cables o no, excluyendo también el envío de mensajes, que es la conducta más peligrosa de todas.

El caso es a contravía científica, puesto que se considera erróneamente que el “manos libres” es inofensivo, o bien, que es un recurso efectivo de reducción del riesgo de conducir distraído. En el caso de los celulares, las estadísticas reveladas a principio de este año por una ONG, y que fueron tácitamente aceptadas por la Policía Nacional, indican que causan el 20% de todos los percances viales, cifra comparativamente baja a la par de los índices latinoamericanos.

Diversas empresas nacionales, en vez de desarrollar políticas preventivas de seguridad vial sustentadas en información científica comprobada, se guían más bien por peligrosos procedimientos improvisados que contribuyen más bien a incrementar los percances de tránsito, o bien, se refugian en la negación del peligro o en la “normalización” del mismo, incluso llegando a oficializar la riesgosísima “supervisión por celular”.

Otras compañías se declaran conscientes del riesgo, pero afirman ingenuamente que ya dotaron al personal de su flota propia de un sistema de “manos libres”, convirtiéndose así —personas específicas dentro de las empresas— en contribuyentes indirectos de una situación potencialmente trágica, que puede implicar responsabilidades personales, cuando lo correcto es detenerse prudentemente y contestar en un lugar seguro.

El sentido de la vista es el más importante para conducir, calculándose que quienes conducen hablando por celular —en cualquiera de sus modalidades— aunque “miren”, en realidad, dejan de ver hasta el 50% de lo que está ocurriendo en su así llamado horizonte de sucesos.

Esta conducta es denominada “ceguera por inatención” o “visión de túnel inducida”, que ocurre cuando el cerebro deja de procesar lo que acontece en tiempo real, obviando así identificar y prever adecuadamente los peligros de la vía, al suponerse erróneamente que si el conductor no despega las manos del volante equivale a una garantía efectiva para no colisionar.

Hay una distracción que ocurre a nivel cognitivo, que hace que la mente pueda “despegarse” del lugar físico donde está en ese momento, al interpretar y elaborar la respuesta a la conversación telefónica sostenida; donde el cerebro necesariamente tiene que bloquear el procesamiento de la información de la vía, ocurriendo entonces el conocido zigzag o deriva de carril, así como la peligrosa disminución de velocidad del vehículo.

Si requiere evidencia científica, puede descargar el documento “El Cerebro Distraído” de nuestro blog: www.noalosaccidentes.wordpress.com.