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Una de las características de la civilización europea, tal y como se conformó desde hace tantos siglos, es, junto al gusto por el pensamiento --heredado de la filosofía griega—y al compromiso con la justicia --proveniente del derecho romano--, la solidaridad de matriz cristiana.

Efectivamente, la capacidad de ayudar al otro, de salir de uno mismo para hacerse cargo de las necesidades de los demás, formó --y de qué manera-- la identidad de un continente que desde su inicio hizo de la solidaridad una de sus principales banderas. Hoy, sin embargo, el elevado grado de mercantilismo y de obsesión por el dinero, por el triunfo y por el poder, público o privado, se ha enseñoreado del viejo, y enfermo continente, reflejando una notable y preocupante ausencia de solidaridad en términos generales.

Hasta tal punto, que las políticas públicas de solidaridad, a pesar de la que está cayendo, son muy reducidas, y, en algunos casos, sometidas a dramáticos recortes que afectan de manera inquietante las condiciones de vida de los más pobres y desvalidos de los habitantes. Menos mal que existen instituciones sociales de base privada e inspiración cristiana como Cáritas que están jugando un papel tan relevante como escasamente valorado por muchos gobiernos europeos.

Para que nos hagamos una idea de la acción de Cáritas en España, resulta que desde 2007, en los prolegómenos de la crisis, hasta 2011, el montante de las personas beneficiadas por la acción social de la institución se ha triplicado. Hemos pasado de 370,000 personas en 2007 a 1,001,761 en 2011. En 2011 se registraron nada menos que 300,000 nuevos pobres. En 2012 se atendieron en esta ONG 1,904,737 ciudadanos, y en 2013 se dio asistencia a 2,513,563 personas, lo que supone un incremento respecto a 2012 de 608,826 seres humanos. En la actualidad, los voluntarios de la institución, aumentaron en un 30% llegando ya a los 18,000 efectivos.

Estos días Cáritas alertaba a la sociedad española a través de un documentado informe de que entre nosotros la población excluida alcanza ya a 11,746,000 personas, el 25% de los españoles. De ellos, 5 millones se encuentran en una situación e exclusión severa y el 77.1% sufre penalización en el empleo, el 61.7% exclusión en la vivienda y el 46% exclusión en la salud. El 35% de los jóvenes vive en hogares excluidos y el 27% de los jóvenes desocupados se encuentra extramuros del sistema educativo.

Por si fuera poco, el informe señala que las reformas del sistema de bienestar, especialmente a partir de 2010, ha supuesto una regresión en la protección social, poniendo en peligro la consecución del objetivo de reducción de la pobreza recogido en la estrategia europea 20120. Menos mal que nos queda la solidaridad familiar y las redes de ayuda.