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Me había prometido no comentar más sobre el tema de los mal llamados accidentes de tránsito, pero lamentablemente se está cumpliendo lo que se escribió en su momento, que estos iban a ser los titulares de los próximos meses, después de la aprobación de las reformas a la Ley 431.

Como informó el martes reciente este rotativo, el 2014 se perfila como el año del récord histórico respecto al saldo de muertes. Las autoridades ya están haciendo un adelantado "control de daños", en caso de que esa plusmarca les impacte negativamente, ya que tienen su gran cuota de responsabilidad, por más que quieran parecer espectadores. Todos sabemos que son uno de los principales protagonistas.

Sin embargo, no tengo duda de la buena fe de las autoridades, en el hecho de que quieran disminuir ese fenómeno. Como ciudadano comparto genuinamente su preocupación, pero no hay que ser un iluminado para entender lo que sucede en el ambiente vial y les compartiré algunas percepciones que el público tiene sobre las verdaderas razones de las tragedias viales.

En realidad, es lastimoso ver que las interpretaciones y los análisis dejan cada vez más en evidencia el poco conocimiento de las autoridades sobre las causas raíces de esta epidemia, pues cuando tratan de racionalizarlas, no pueden dejar de pensar en términos regulatorios pero poco preventivos, repitiendo invariablemente las mismas letras: 1) Invasión de carril. 2) Adelantamiento en falso o indebido. 3) Irrespeto a las señales de tránsito. 4) Imprudencia peatonal. 5) Mala maniobra. 6) Conducir en estado de ebriedad.

Desde mi punto de vista esas no son las verdaderas razones, son solamente hechos físicos. Las causas raíces son: 1) No hay respeto a la ley, porque la misma permite transar o arreglarse en el caso de un evento vial, haciendo que toda tragedia vial sea menor. 2) Nadie --absolutamente nadie-- confía en los tribunales de justicia, ya que pueden ser tribunales de cualquier cosa, menos de eso. 3) Las multas actuales son siempre pagables, pues tienen poco o nulo valor disuasivo. 4) Nadie expone más que su licencia, en el caso más grave, pues todo suele arreglarse, sobre todo cuando usted es familiar y conoce a alguien o tiene “aquello”. 5) No se les toca la bolsa a otras industrias que son contribuyentes directos del problema. 6) Las autoridades no son el mejor ejemplo de aquello que predican. 7) Hay tratos asimétricos dependiendo del gremio al que pertenezca el conductor. 8) Los reguladores trabajan solamente en horario de oficina y en los lugares que les gustan. 9) No hay programas de inclusión efectiva de la ciudadanía en el reporte de infractores. 10) Existe una percepción generalizada de impunidad en todos los órdenes. 11) Las autoridades siempre piensan arrogante –y equivocadamente– que no necesitan nuevas y mejores ideas.

 

noalosaccidentes.wordpress.com