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ADICTO: dícese de cualquier persona que depende de alguien o algo para sentirse bien o seguro. Hablar de adicciones en la actualidad casi siempre nos hace referencia a sustancias alucinantes o disociativas del comportamiento: alcohol, tabaco, drogas diversas, etc., incluyéndose en este proceso a costumbres y hábitos: comer, beber, jugar, apostar, etc.

Para quienes se ocupan de definir conceptos, es oportuno sugerirles la inclusión de una adicción mórbida, la cual padecen desde el inicio de los tiempos quienes viven obcecados por el poder y las riquezas. Nos referimos a la adicción por las guerras y la muerte, seres necrófilos, y a quienes les siguen o justifican sus codependientes.

Las adicciones, médicamente hablando, producen sensación de bienestar y placer, al estimular un centro en el cerebro que genera neurotransmisores y otras sustancias que provocan disociación de la persona, desvinculándola del entorno social en que se encuentra. Dopamina, noradrenalina, adrenalina y otras tantas, que omiten el deseo de comer, beber, descansar y hasta sentir, afectan también la zona límbica o de las emociones.

Todo eso es lo que produce el mal llamado arte de la guerra. Antiarte-anti-construcción sería lo más correcto decir. La sicología del poder está vigente hoy en día, pero de manera más sofisticada y hasta científica. Se invierte más en la creación de armas de guerra infalibles que en salvar vidas. Irónicamente.

En días recientes, los titulares de noticias hacen referencia al conflicto bélico creado por el llamado Estado Islámico, en las mismas regiones donde la guerra no ha cesado desde la Guerra del Golfo. Irak y su petróleo ya tienen nuevo propietario, el mismo que provocó la guerra: EE.UU. y sus aliados de la OTAN. Cuentan con el beneplácito implícito de la mayor organización multinacional existente: la ONU, órgano que justifica y avala intervenciones en cualquier parte del planeta por parte de sus principales financiadores, aparentemente. A los adictos a la guerra y sus codependientes EE.UU.-UE/OTAN.

El pretexto: exterminar el Estado Islámico. Buenas noticias para la industria bélica, pues les permite ensayar y vender sus armas, que generan ganancias obscenas. Una guerra más. Antes lo hicieron en otras latitudes, incluyendo nuestro país. Recordemos el escándalo Irán-Contras, donde perdió sus piernas un gringo bueno: Bryan Wilson.

Quienes dicen querer acabar con el Estado Islámico fueron los mismos que lo crearon, en su desordenado juego de exterminio de la humanidad, para combatir al pueblo sirio. Antes lo hicieron con Saddam Hussein, Osama Bin Laden y muchos tantos; todo por mantener el pretexto de crear guerras y generar ganancias en las mismas. La adicción por la guerra, muertes y destrucción les provoca tanto placer y bienestar como el que provoca la heroína, la cocaína y LSD a otros tipos de adictos, generando además muchos codependientes que también sienten placer cada vez que se anuncia un nuevo conflicto en cualquier parte del mundo. Reflejo de Pavlov.

Urge que los equipos de salud mental de la Organización Mundial de la Salud desarrollen estudios sobre este fenómeno, que se ha vuelto endémico en algunos países o gobiernos que presentan un perfil similar: sed de poder, atropello e irrespeto de los derechos humanos. El individuo con el más elemental sentido común orientará la mirada hacia los gobiernos o grupos de poder (no pueblos, países o etnias) con estas características.

Existen de un lado y del otro lado, las llamadas mafias que gobiernan y dominan el mundo actualmente. Son los mismos responsables del calentamiento global, de la inequidad en la distribución de las riquezas y los generadores del nuevo desorden mundial existente. Todos imaginamos de quienes hablamos, tan elemental como cuando en la infancia nos hacen la adivinanza sonsa: ¿de qué color es el caballo blanco de Napoleón?

Hace falta que los organismos internacionales y multinacionales, creados y financiados para mantener el orden mundial, tengan autonomía y voz para detener a quienes hacen de la muerte, el hambre y el dolor de millones su “modus vivendis”. El mundo entero clama paz y justicia social.