Jorge Eduardo Arellano
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Los y las analistas de la presente coyuntura que atraviesa Nicaragua se han ocupado de la fenomenología de los partidos políticos y/o de los avatares de la ciudadanía en relación al respeto de su voluntad democrática expresada mediante el voto. Han reivindicado los derechos humanos universales y constitucionales (a elegir, a opinar, a manifestarse, a circular libremente o simplemente, el sagrado derecho a vivir en paz) y han tratado de exorcizar con sus escritos el peor de nuestros fantasmas: el de la guerra.

Han analizado atinadamente que los derechos humanos, característicos de una sociedad democrática, son los que garantizan, hacen viables y posibles la ciudadanía, la institucionalidad y la gobernabilidad. Es decir, una sociedad donde el poder político real tenga marcados sus límites por el poder contencioso del derecho nacional e internacional (las leyes, la constitución, los tratados); por la ética política de las costumbres contemporáneas (consenso más que imposición, unidad en la diversidad) y por el nuevo paradigma universal de la cultura de paz, cuyos objetivos son vivir, construir y darle continuidad a una nueva praxis que supere la atrabiliaria, desastrosa y trágica violencia.

En la presente coyuntura nacional estamos más o menos conscientes de que la violencia nos daña a todos como individuos, familia, comunidad, organización, partido, pueblos y estado nacional. Pero cabría preguntarse: ¿Sólo los ciudadanos hemos perdido? ¿Cuánto ha perdido el poder? ¿Esta violencia ha vulnerado los poderes reales de este país? ¿Cuál es el balance en la correlación de fuerzas de estos poderes reales? ¿Han ganado o han perdido poder? Auxiliado de las herramientas de análisis que me legó mi tío Michel Foucault, intentaré una lectura que ojalá no les parezca descabellada, como la cabeza del insigne maestro francés.

Por poderes reales en la Nicaragua de hoy, entiendo que están encabezados por los siguientes entes, personajes e individuos: 1. el dúo Comandante Daniel Ortega Saavedra-Compañera Rosario Murillo Zambrana, pináculos del Poder Ejecutivo y del partido FSLN; el Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, Ex - Presidente de la República y Líder Máximo del PLC; 3. Su Eminencia Reverendísima Cardenal Miguel Obando Bravo, Arzobispo Emérito de la Diócesis de Managua, líder espiritual del pueblo católico nicaragüense. Para Foucault les recuerdo que el individuo también es una construcción activa del poder y no me cabe la menor duda de que el poder político real en Nicaragua además de ser obra histórica de ellos, está concentrado, dinamizada y delegado por estos tres entes. Además es sabido por todos que el escenario político actual ha sido construido históricamente por el concurso y el pacto entre estos tres entes caudillescos (dos pactistas y un garante cooptado).

Para el análisis de las variaciones en crecimiento o disminución del poder político local, únicamente tomaré dos acciones de naturaleza violenta que los poderes reales han permitido que se diesen en Nicaragua entre el 9 y el 20 de Noviembre de 2008: 1. El fraude electoral. 2. La violencia callejera. Estos acontecimientos que regresan como fantasmas de nuestro más oprobioso pasado (el somocismo) deben ser analizados, valorados y sopesados para entender el futuro mediato de los y las nicaragüenses. Mis hipótesis son muy simples.

1. La democracia como único sistema de convivencia en Nicaragua, la alternancia de partidos políticos en los poderes públicos, la transformación pacífica de los conflicto, la vigencia de los derechos humanos y la construcción de una cultura de paz han calado en la conciencia ciudadana de la mayoría de la población nicaragüense. Estos conceptos traducidos a nivel de imaginario nacional y en lenguaje vernáculo, como aquellas consabidas frases: “no queremos guerra, lo único que queremos es vivir en paz, solo en paz podemos desarrollarnos, no a las dictaduras, no a la reelección, no es necesario matarnos para negociar, en este país viviremos siempre los rojos, los rojinegros, los verdes, los amarillos, etc.”.

2. La utilización de la violencia estructural por parte del poder real, vía fraude electoral y violencia callejera son contraproducentes para los mismos poderes reales que han prohijado, promovido, impulsado, desarrollado, difundido y diseminado esta violencia. La fórmula derivada de esta hipótesis es sencilla: SPR sí >UV>DPR. Léase: La Situación del Poder Real sí implica el Uso de la Violencia que implica un Deterioro/Disminución de Poder Real. Es sencillo, a mayor uso de la violencia menor poder real en las sociedades occidentales contemporáneas.

3. El costo político a pagar por los entes, personajes e individuos detentadores del poder real en Nicaragua, por haber utilizado la violencia estructural en esta coyuntura, es y será demasiado alto para que ellos puedan conservar la estructura de poder y el mismo poder más allá del año 2012.Vean la hora que se los digo.

4. La prueba ostensible del visible deterioro del poder real de dichos entes es la política del avestruz ante la violenta crisis nacional, jugada por el Comandante Daniel Ortega, la Compañera Rosario Murillo y Su Eminencia Reverendísima Miguel Cardenal Obando Bravo, en circunstancias que cualquiera de ellos pudo haber parado la violencia callejera, la violación de los derechos humanos, el traumatizante sentimiento de frustración nacional al ver pisoteada la voluntad popular, la valiosa sangre derramada y la ahora clara percepción por parte de la ciudadanía que hay una voluntad autoritaria, dictatorial y totalitaria por parte de estos poderes reales.

5. Respecto del Doctor Arnoldo Alemán Lacayo, Ex - Presidente de la República y Líder Máximo del PLC, acusamos una pérdida estratégica del liderazgo democrático, desplazándose éste de la panza de Alemán a la tonsura del ratón ceniciento Eduardo Montealegre. Para este último la ganancia ha sido casi total, ahora hasta los Cenis quedan sepultados bajo la hojarasca o los miles de boletas del fraude. Si lo meten preso ahora, para el mundo (Estados Unidos de Obama, inclusive) será un preso político y no el aventajado y corrupto capitalista que es.

6. Al interior del FSLN también se ha mermado el poder del Comandante Daniel Ortega y de la Compañera Rosario Murillo, quienes no estuvieron donde las papas quemas y aquel gran organizador del caos (fraude y violencia) que sí estuvo, concibiendo el plan, movilizando a los jóvenes comandos, a los empleados públicos y a la masa sandinista, se alza con una cuota significativa de este poder real y concreto.


Hay más elementos que no han sido tocados en este análisis, como son el rol jugado por los medios de comunicación, por la sociedad civil organizada, por la Policía Nacional, por las fuerzas armadas o el previsible aislamiento de Nicaragua en el plano internacional. Estos ejercicios los dejo para lueguito, si la salucita y el poder real me lo permiten. Cambio y fuera.