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Hace exactamente seis años, un vigoroso y carismático afroamericano vencía en las urnas electorales al republicano John McCain, para alzarse con la Presidencia de los Estados Unidos. Fue entonces la primera vez en la historia del país que este cargo lo ocupase una persona de color.

Obama, el exsenador del Estado de Illinois, electrificó a decenas de millones de norteamericanos con el mensaje de “cambio”, el cual cobijaba una agenda de campaña compuesta por: menos impuestos, mayores beneficios para los contribuyentes, reducción del déficit fiscal, capturar a Osama Bin-Laden, iniciar el retiro de tropas de Irak y Afganistán, reducir el desempleo y principalmente corregir la peor crisis financiera desde la Gran Depresión. Para los latinoamericanos, quizás la más sensible promesa de campaña fue la de solucionar el severamente dañado código de inmigración, con el fin de permitir a millones de inmigrantes honestos y trabajadores, una oportunidad legítima de alcanzar el “sueño americano”.

Obama, a pesar de haber rescatado la industria automotriz, mejorado los niveles de desempleo y haber eliminado a Bin Laden, tiene aún muchas metas por alcanzar en su agenda legislativa, y la gran duda que surge luego de la “barrida republicana” de esta semana es: ¿Qué tan efectivo será el resto de su gestión presidencial?, y acto seguido: ¿Cuáles son las posibilidades para el Partido Demócrata de cara a las elecciones del 2016?

Para 2016, la ex primera dama Hillary Clinton desde ya se vislumbra como la candidata demócrata, mientras que Chris Christie o Jeb Bush puedan ser los nominados republicanos. No cabe duda de que esta victoria favorece al candidato que se alce con la nominación del Partido Republicano (aún con las credenciales de Clinton como primera dama y ex secretaria de Estado) ya que el voto popular claramente decidió anti-demócrata.

Para los nicaragüenses, la victoria abrumante de los republicanos representa aún menores posibilidades de renovar la dispensa conocida como Nivel de Preferencia Arancelaria (TPL) que vence a finales del 2014, lo cual conlleva serias preocupaciones sobre las exportaciones textiles al país norteamericano. Por otro lado, el partido ha estado vocalmente opuesto a gestionar reforma inmigratoria, lo que devasta las esperanzas de cientos de familias nicaragüenses a perseguir “la tierra de oportunidades”.

El presidente ha enfrentado adversidades y tumultuosos reveses, así que es válido preguntarse: ¿Qué tantos grados de libertad ejecutiva le permitirán sus vecinos del Capitolio? ¿Cómo podrá el jefe ejecutivo dirigir a Estados Unidos en su etapa más dividida desde la década de los sesenta cuando la guerra en Vietnam, integración racial y los asesinatos a John y Bobby Kennedy, al igual que a Martin Luther King, polarizaron completamente el país? En palabras de Obama: “El pueblo ha hablado, y es hora de actuar”. La retórica suena muy familiar a lo que ha pronunciado desde que asumió el cargo en enero de 2009, sin embargo, esta ha sido acompañada de poca acción y reiteradas decepciones. Esperemos, pues, que se le permita a Obama concluir su mandato con relativa calma y que exista cooperación de ambos partidos políticos ya que se necesitan muchas soluciones en el aspecto económico, el de política exterior, programas domésticos y el de seguridad nacional. Francamente, no apostaría por ello.

 

Luis_sanchez44@hotmail.com