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En entrevista concedida al puertorriqueño Antonio González Déliz el 7 de mayo de 1973, Luis Muñoz Marín recordaba que a fines de agosto de 1918 acompañó a Salomón de la Selva (León, 1893-París, 1959) en el subway de Nueva York desde la calle 79 a la 42, donde quedaba la oficina de reclutamiento del Ejército Británico. Para despedirlo, también estuvo presente Therese Helburn, luego fundadora del famoso Teatro Guild. Por su evidente superioridad intelectual, Salomón fue designado jefe del grupo de veinte y tantos reclutas que pronto se embarcaron a Inglaterra para luchar contra Alemania.

En esa ocasión, al llenar su solicitud, el recién enganchado al Loyal North Lancashire Regiment aseguró que venía como voluntario de la libre y soberana República de Nicaragua. Esto bastó para que le formaran consejo de guerra, pues creyeron que, al proceder de alguna colonia británica, pretendía la independencia de la misma, es decir, que era un insurgente. Salomón aclaró que Nicaragua estaba lejos de ser ninguna cosa parecida y se armó un lío de todos los diablos. Al fin, constataron su documentación y el presidente del consejo exclamó de pronto, muy sonriente:

—Oh, yes, yes, Niagara, of course, of course. You are right. Ni idea tenía de Nicaragua y de las cataratas del Niágara.

En octubre ya estaba en Bélgica, combatiendo como soldado raso —siempre tuvo ese rango— y, al mes siguiente, en Francia. La guerra concluyó el 11 de noviembre de 1918. De modo que Salomón llegó a la capital de Inglaterra poco después de esa fecha, victorioso y con licencia, para convalecer. En diciembre, frecuentando algunos centros literarios, conoce a la poetisa tradicionalista Alice Meynell (1847-1922). Logra relacionarse con otros escritores ingleses de la élite de Londres y, en un paseo nocturno alrededor de la ciudad, a Ezra Pound. En carta a su amiga Amy Lowel, Salomón describió a Pound como “un tipo verdaderamente divertido y lleno de vida”.

En cuanto a su relación con Meynel, dejaría una carta en verso: ´´Señora dilectísima/ que por tu sentido recto de la vida/ y tu soberanía sobre las letras eternas,/ y tu maravillosa visión de las cosas,/ y tu larga intimidad en el amor y la belleza,/ has sido para mí Diótima de Mantinea...´´. Es decir, la mujer ideal que interviene en el diálogo del Amor, perteneciente al Banquete de Platón.

En marzo, dentro de su barraca en Winchester, Hants, redacta una evocación de William Blake en su “Diario de soldado”: documento donde ya escribiendo, igualmente, los poemas de su futuro libro ´´El soldado desconocido´´. Entonces también ingresa a la Guardia Irlandesa (Irish Guard) y participa todos los domingos frente al Palacio de Buckinham, en el famoso y tradicional Cambio de Guardia, ceremonia digna de admirarse por su espectacularidad. La Guardia Escocesa era la Guardia Vieja; la Guardia Irlandesa, la nueva.

Ahora bien, a la Escocesa pertenecía otro nicaragüense: Salvador D’Arbelles, quien narra su encuentro con Salomón de esta manera. Sin haberse visto antes, ni tener remota idea de quiénes eran, hubo un momento en que ambos permanecieron colocados frente a frente. La antipatía fue mutua. Cambiaron de posición varias veces y una y otra vez quedaban de frente, insultándose mentalmente. Las dos Guardias ejecutaban, a la perfección, las órdenes en medio de las notas marciales y de los prolongados aplausos del público. Concluida la ceremonia, la Guardia Vieja marchó airosa al vecino Cuartel de Wellington.

Los irlandeses, quedando por unos minutos y señores de la situación, la siguieron.

En el Cuartel, cuando D’Arbelles bajaba de su cuarto para salir a la calle, subía Salomón. Se cruzaron terriblemente la vista. El “escocés” bajó unos peldaños más de la escalera. El “irlandés” subió otros. Pero ambos retrocedieron, volviéndose a mirar con desprecio. Ya coincidiendo en un mismo peldaño, le preguntó Salomón:

¿Quién eres tú, despreciable escocés?

—Y a usted, que le importa quién soy yo, detestable irlandés —le respondió D’Arbelles.

—Pues yo soy Salomón de la Selva, de León, Nicaragua, Centroamérica, abominable escocés.

—Y yo Salvador D’Arbelles de Corinto, Nicaragua, Centroamérica, hermano.