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El sistema bancario en la sombra (en inglés, shadow banking system) es el conjunto de entidades financieras, infraestructura y prácticas que sustentan operaciones al margen de las regulaciones nacionales.

La banca en la sombra la integran las entidades que otorgan crédito, eludiendo las normativas a que está sometido el sistema bancario de un país. Puede tratarse de fondos de alto riesgo, inversión del mercado monetario, operaciones de emisión de títulos, certificados de depósito, operaciones de venta de títulos valores con pactos de retroventa a futuro, etc.

Es un modelo caracterizado por ser paralelo, que no observa las regulaciones establecidas. En Estados Unidos, ya superó a la banca tradicional. Representa alrededor del 40% del sistema financiero global.

A raíz de la crisis económica de 2008-2014, los bancos redujeron el crédito a las empresas, compeliéndolas a buscar canales alternativos para financiarse (en Estados Unidos actualmente solo proporcionaba el 50% de créditos-préstamos empresariales), originándose así el crecimiento de la “banca en la sombra.”

Un profesor señala: “Los mercados de capitales y la banca en la sombra (shadow banking) se han convertido en los nuevos canales de financiación para las empresas que no pueden acceder al crédito bancario tradicional”.

Las principales actividades de la banca de inversión están sujetas a regulación y seguimiento por parte de los bancos centrales y otros entes gubernamentales. Se ha tornado en práctica común el efectuar gran parte de sus transacciones a través de canales que no aparecen en sus estados contables convencionales invisibilizándolas para los reguladores u otros inversores.

Previo a la crisis financiera de 2008-2012, los bancos de inversión financiaban hipotecas a través de la titularización extra balance y se cubrían del riesgo mediante permutas de incumplimiento crediticio, que tampoco constaban en los mismos.

Tras el año 2000, el volumen de transacciones del Sistema bancario en la sombra (SBS) creció drásticamente. En 2007, en Estados Unidos excedía los 10 billones de dólares, y para finales de 2011 se incrementó a 24 billones, de acuerdo al Financial Stability Board.

Los intermediarios financieros involucrados en la creación de crédito a través del sistema financiero global no están sujetos a vigilancia regulatoria, tal es el caso del sistema de banca en la sombra. Los fondos buitre, los derivados financieros y otros instrumentos no cotizan en bolsa.

El sistema de banca en la sombra ha eludido la regulación, primeramente porque no aceptaba depósitos como la banca tradicional. Por ello, muchas de las instituciones e instrumentos eran capaces de desenvolverse en un nivel más alto de mercado, créditos-riesgos de liquidez, careciendo de requisitos de capital estático equivalentes a tales riesgos.

La experiencia que se vive en Europa, y que ya se observaba en Estados Unidos, es que este sistema financiero en la sombra complementa al sistema bancario y a los mercados ordinarios, supliendo sus carencias y pudiendo financiar sectores económicos.

Posterior a la crisis de las hipotecas subprime de 2008, el sistema de banca en la sombra fue objeto de creciente escrutinio y regulación. Pero, según un nuevo informe del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por sus siglas en inglés), ha reaparecido con nuevos bríos.

El FSB descubrió que los activos en poder de los bancos en la sombra han aumentado hasta US$67 trillones, tan alto como el PIB global US$69.97 trillones y mayor que los US$62 trillones antes del inicio de la crisis de 2008.

El Congreso de Estados Unidos, la Casa Blanca y Comisión del Mercado de Valores son los responsables del frágil estado del sistema financiero y del hecho de que la banca en la sombra no haya sido sometida a supervisión obligatoria, experimentando un acelerado crecimiento, añadiendo trillones al suministro de dinero y empujando el sistema hacia la debacle. Este descalabro financiero debía haberse ordenado hace tiempo.

Cuanto más crezcan los bancos en la sombra, mayor será la probabilidad de otra crisis financiera.