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Ha tenido que ser una publicación económica la que nos contara una verdad mil veces anunciada para que terminemos por creerla: el terrorismo es un negocio muy lucrativo, que construye fortunas millonarias con cada asesinato, con cada secuestro y con cada extorsión perpetrados bajo la bandera de la mentira que se esgrime en cada caso. Bien sea la de la libertad, de la independencia, la de la lucha contra la pobreza o cualquiera otra.

En su edición israelí, la revista Forbes ha publicado el ranking financiero de los grupos terroristas, en función de sus respectivas cuentas de resultados. Y no debe sorprender que en el primer puesto se encuentre precisamente el Estado Islámico, grupo armado suní que viene protagonizando un mayor número de titulares de la prensa internacional en los últimos meses. Más de dos mil millones de dólares facturaron los yihadistas el pasado año, casi el equivalente al beneficio neto anual de la compañía Zara.

En los primeros puestos de la macabra lista de quienes se han hecho millonarios por la fuerza de las armas también aparecen Hamás y Hizbulá, y por supuesto, Al Qaeda. La prestigiosa revista económica realiza igualmente un análisis de lo que en una comparación con el mercado bursátil podrían ser las cotizaciones de sus valores, en función de sus actividades y de la popularidad que ganan sus acciones en el panorama informativo.

Porque resulta que la industria del terrorismo rentabiliza como ninguna otra la publicidad que tienen sus acciones, con un elevadísimo coste en vidas humanas que se traducen de forma inmediata en miles de dólares de los fanáticos de sus causas, para seguir financiando la muerte, la desolación, los miedos y el poder al que todos estos elementos conducen sin remisión.

En la instantánea de Forbes de las fortunas del terrorismo siguen apareciendo grupos trasnochados como el IRA auténtico y las FARC, que se han visto obligados a adelgazar sus estructuras para mantener el número de dígitos en sus cuentas corrientes secretas como muchas otras corporaciones legales e ilegales en todo el planeta debido a la recesión mundial.

Y también aparecen advenedizos sin escrúpulos como Boko Haram, que recién ha irrumpido en el panorama de la violencia extrema e injustificada y que ya cuenta con unos ingresos anuales que superan los 25 millones de dólares. Matar es rentable y lo cuenta la publicación que indexa las fortunas en el mundo, tomando conciencia de que el terrorismo genera un negocio cuantificable que, a fin de cuentas, también crea ‘cash flow’ en las economías. Como la prostitución. Como el tráfico de droga.