•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Mijaíl Gorbachov participó en las celebraciones del 25 aniversario de la Caída del Muro de Berlín. Ahí dejó un mensaje claro y sensato.

El estadista ruso hizo tres observaciones: 1) que Estados Unidos y Occidente se declararon triunfadores de la Guerra Fría y sacaron ventaja de las debilidades que, entonces, tenía Rusia; 2) que ya se completó la ruptura de la confianza entre Moscú y Occidente; 3) y abogó para que se levantaran las sanciones políticas y económicas sobre Rusia, y que esta hiciera lo mismo con Occidente.

Deberíamos escuchar conrespeto las palabras de quien tanto contribuyó a la paz mundial, a la distensión entre las dos potencias; y cuya buena voluntad y deseos hizo que la humanidad no cayera en la hecatombe que se presagiaba durante la Guerra Fría, entre la entonces URSS y EE.UU.

Cierto. La avasalladora red noticiosa occidental tenía que hacer lucir bien a Estados Unidos, la OTAN, y a la democracia liberal, por el desmoronamiento (¿¡o implosión!?) del sistema socialista Este-europeo (incluida la URSS); y la separación de más de 15 repúblicas de la órbita soviética.

¿Acaso Occidente no hizo igual cuando terminó la Segunda Guerra Mundial? Sin menospreciar las arremetidas británica y norteamericana en el Norte de Francia y en el Sur de Italia, las fuerzas soviéticas se enfrentaron al gigantesco ejército invasor de Hitler. Lo derrotaron. Y lo replegaron a Berlín, el último bastión nazi.

En Occidente nos convencimos: los ganadores eran Roosevelt, Churchill y De Gaulle. Nunca, Stalin: un amo oprobioso.

Pero, ¿por qué no atribuir esa victoria a la humanidad entera que derrocó a Hitler?

Sin dudas, la URSS derrotó al nazismo. Al igual que los ingleses fueron derrotados hace más de un siglo en África del Sur; o los franceses fueron sacados de Indochina; o los españoles perdieron sus colonias por corrupción administrativa (¡Esas páginas fueron devoradas por el Alzheimer europeo!).

Retomando el asunto, Gorbachov exclama que la desintegración del régimen soviético ha vuelto arrogante a Occidente.

Es comprensible. Pero injustificable a largo plazo. No le conviene a Occidente que Rusia se alíe con China. Sería mortal para el Oeste.

De este lado del mundo, asumimos haberlo inventado todo —democracia, mercado, filosofía, ciencias, las ideas del progreso, belleza, bienestar,libertad, Estado de Derecho, moda, etc.— ¿¡Poseemos verdad, creatividad, virtud, moral, poder y razón total!?

Al romperse la confianza, Gorbachov advierte que la crisis no tendrá punto de retorno. Es una señal de alerta. Pero seguimos creyendo que no habrá más desgarres ni grandes crisis; que respetaremos zonas de influencia; que no habrá nunca un loco apretando los disparadores nucleares.

La irracionalidad parece estar controlada, asumiendo que mientras no luchen las grandes potencias frontalmente, no habrá peligro descomunal, como bien lo señalara Henry Kissinger.

Dejar que los pequeños conflictos se esparzan ha sido un error. Pueden salirse de las manos. Y por otro lado, el saber que la Primavera Árabe pudo haber propiciado más democracias y aliados para Occidente, ha sido un fiasco. Han sido revueltas desestabilizadoras, insolubles. Esto ha combustionado más al Medio Oriente, ya bien incendiado por casi 70 años.

La democracia ha demostrado ser un mecanismo de muchos prerrequisitos institucionales y culturales. No dudo de su eficiencia. Pero, ¿inicialmente, no se acopla a culturas diversas? ¿Es su adaptabilidad poco elástica? ¿Los países en desarrollo no tienen paciencia suficiente para esperar frutos a mediano y largo plazo? ¿Es una idea solo atractiva, pero difícilmente interiorizable y practicable?

La bondad de la democracia yace en distribuir bien el poder para evitar desorden, injusticias y tiranías.

Ruptura para Gorbachov es distanciamiento y enfrentamiento seguro; es no volver a entenderse. Él nos está advirtiendo que ya estamos en una zona peligrosa. Y si Moscú y Washington no acuerdan llevarse bien, ¿el próximo paso sería liarse a golpes?

Y el llamado que hace para que las sanciones de ambas potencias sean levantadas, es una petición de buena voluntad. La madurez de Gorbachov no es patriotera ni ambiciosa. Él ya tuvo su cuota de gloria, su Nobel, su fama. Ahora es sage y savant.

Aclaro. No comparto la posición rusa de apoderarse de la península de Crimea. Pero no soy indiferente al argumento de que las etnias rusas en Ucrania también tienen demandas justas.

Sin dudas, habrá soluciones que satisfagan a las partes. ¿O, los que proclaman la paz son desoídos? ¿Y los que disparan armas atraen más la atención?

Escuchemos a Gorbachov. Debemos actuar, cada cual, cediendo un poco. De buena fe, por el bien de la humanidad.