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Prosiguiendo mi relato del viaje a varios países del Caribe, quiero detenerme en el medio de transporte. En San Juan, Puerto Rico, tomamos un crucero. Una de las mejores formas de tomar unas vacaciones es en un crucero. Estos inmensos hoteles flotantes ofrecen alternativas tan variadas que van desde un crucero de cualquier puerto de Florida a las Bahamas, durante 4 días (3 noches) por US$150, hasta una gira de 30 días bordeando el mar Mediterráneo o navegando por el Volga recorriendo media Europa, o cruzando Rusia de Moscú a San Petersburgo, lo que cuesta de US$5,000 a US$7,000. Usted podrá bajar del barco, si quiere, en cada ciudad que visita, comprar diferentes tours o ir por su cuenta. Tiene todo el día para conocer cada ciudad.

De todas maneras es una ganga. Considere que los cruceros usan el sistema “todo incluido”, excepto refrescos enlatados y bebidas alcohólicas. En un crucero de 3 noches entre Florida y Bahamas, visitando dos puertos en las Bahamas, al pagar US$150 usted está pagando US$50 por noche. Eso incluye su habitación (camarote) confortable, con TV, baño privado y limpieza diaria con cambio de toallas y ropa de cama; todo lo que usted quiera y pueda comer en al menos seis tipos de restaurantes; espectáculo cada noche en un teatro de lujo estilo Las Vegas; cine; varias piscinas y jacuzzis; algunos cuentan con juegos acuáticos y una plataforma con olas para surfear; hay discoteca y de cuatro a seis bares con diferentes estilos de música en vivo, que van desde un pianista hasta una orquesta, pasando por diferentes conjuntos, con pistas de baile a toda hora… ¡y mucho más!

Los inmensos buques de las líneas de crucero son impresionantes hoteles de lujo flotando en el mar. Tomemos por ejemplo el Oasis of the Seas, que tiene 361 metros de eslora (largo) y pesa 225 mil toneladas. Tiene 17 pisos, aunque el 13 no existe por la superstición. Su capacidad es de 6,360 felices pasajeros atendidos por 1,800 tripulantes de 60 nacionalidades distintas. El barco lleva a bordo 8,460 personas. Dentro del barco uno se siente a veces más que en un hotel, pues tiene hasta calles peatonales. Cuenta con siete zonas diferentes, como por ejemplo el Central Park, donde se encuentran 12,000 plantas naturales de vegetación tropical, terrazas, tiendas, una galería de arte, conciertos y actuaciones callejeras. En la zona abierta se pueden encontrar pájaros, grillos o lagartijas (no se preocupe que no salen de su zona).

Todos estos buques tienen tiendas ‘duty free’ y variando de uno a otro barco, cuentan con atracciones como canchas de baloncesto, pared de escalada, minigolf, tenis, ping-pong, cine en 3D, invariablemente un teatro de entre 1,000 a 3,000 espectadores con dos o tres pisos, casino, biblioteca… La comida es algo espectacular. Se puede comer en un restaurante de verdadero lujo a la carta (pero todo incluido), o en diferentes bufetes muy variados, o pedir en un puesto de hamburguesas y hot-dogs… o más, con papas fritas, o bien solicitar que le preparen un chow mein con ingredientes que usted escoge, o deleitarse en el restaurante mejicano con tacos y nachos… en fin, las opciones son muchísimas. Para los niños existen zonas dedicadas a ellos con juegos y programas que van desde 3 hasta 15 años, divididos por edades afines, donde especialistas los cuidan mientras los padres disfrutan otras actividades.

Sobre el temor a navegar, ¿sabía usted que los cruceros están clasificados entre los medios de transporte más seguros para viajar? Y ni se siente que navega.