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A lo largo de mi vida, si de algo estoy seguro es de que he sido periodista, a pesar de las distintas profesiones y oficios que hubiera querido aprender y que me acosaron. Ninguna profesión retrata con mayor fidelidad mis aspiraciones que esta. Ningún oficio me seduce más que este. Y digo que estoy seguro de ser periodista porque también, en un determinado momento de esta carrera, abrumado por la necesidad y las circunstancias, me sentí escritor, psicólogo, médico y hasta político, en un juego de máscaras que siempre he juzgado fatal pero necesario. Llegué prematuramente a la conclusión de que el periodismo es todo y nada.

Quizás por eso el periodismo sea catalogado el oficio más hermoso del mundo, aunque también el más riguroso y exigente. No todo el que dice ser periodista lo es solo porque anda con una grabadora o una cámara de vídeo por la calle, cubriendo conferencias de prensa. En nuestro país se les llama “papa frita” a esos dizque reporteros de noticias, que han invadido el gremio para desnaturalizarlo. Muchos de estos han emigrado de otros oficios y ni siquiera tienen vocación para ser periodistas.

Aunque, bueno, tampoco un título universitario garantiza que seas un buen periodista. Pero como deja entrever el brillante columnista de El País, Miguel Ángel Bastenier, sería deseable, al menos, que un periodista tenga su título profesional, en un mundo cada vez más multicultural y exigente. Bastenier prefiere tenerlo y tiene razones de sobra para decirlo.

En Nicaragua, según mi experiencia, los periodistas empíricos han gobernado esta profesión. Desde que frecuenté las salas de Redacción de los distintos diarios, me di cuenta de que para hacer buen periodismo no solo es necesario tener talento para la escritura, sino que es imprescindible tener una vasta cultura. ¿Qué significa esto? Que para ejercer este oficio es necesario leer diariamente al menos literatura española e internacional, conocer el inglés --el idioma internacional--, ingresar a un curso de francés y mandarín y esforzarse en que poco a poco sabrás lo suficiente de todo.

Creo que el periodista que no ha leído en estos tiempos a Cervantes o a Quevedo o a los clásicos de la literatura rusa, inglesa y norteamericana ni siquiera debería atreverse a escribir. Debería buscar otro empleo. El buen periodista debe ser alguien bien informado y culto. Esta es la llave para garantizar ética y responsabilidad a la hora de investigar e informar. ¿Dónde encontrar a este tipo de periodistas? Tal vez hay que encargarlos en La Paz Centro.

En Nicaragua, como dije anteriormente, los empíricos han sido los mejores periodistas. Los titulados, egresados de escuela, han brillado poco. Citaré un nombre emblemático para no meterme en más problemas: Horacio Ruiz no ostentaba título académico, pero leía y hablaba inglés a la perfección. No estudió formalmente, pero era un exquisito conversador de literatura y de arte. En aquel entonces, cuando la internet era una tentación, fue corresponsal de una agencia internacional de noticias y sus análisis eran muy leídos. Era un periodista completo. Tenía todos los requisitos que Bastenier señala: era “todero” y “generalista”. Aquel “que tiene que saber, no un poco de todo, como se suele decir, sino lo suficiente de lo que haga falta”.

En la actualidad no veo periodistas que cumplan con los requisitos que he mencionado. La mayoría dominan las herramientas de la tecnología de la información, pero no tienen el bagaje cultural que se necesita para realizar un buen trabajo. Hace falta en nuestro país un verdadero periodismo de investigación, un periodismo que eduque a la sociedad. He visto que algunos periodistas reciben premios por sus trabajos investigativos, cuando en realidad su mérito ha sido redactar una historia que venía fragmentada en un legajo de documentos oficiales o institucionales. ¿Dónde está el esfuerzo de los periodistas por la investigación? Muchos de ellos a duras penas frecuentaron las aulas universitarias, y leyeron con suerte una docena de libros memorables.

Por otra parte, los periodistas que han logrado un éxito económico y profesional, son personas que siempre han tenido recursos por su pedigrí social y familiar. No voy a mencionar sus nombres, pero son personajes ligados a una familia histórica que han encontrado en este oficio una manera de hacer negocios, gozar de inmunidad y, de paso, defender sus intereses económicos.

Por eso creo que el periodismo, tal y como dice acertadamente Bastenier, es la suma de todas las carencias. “Es la suma de todas esas cosas que no es”. Y esto, realmente nos hace más exigentes y vulnerables. ¿Cómo informarle a una sociedad más exigente sobre todo lo que ocurre en la economía, la política, las finanzas, en el mundo, si no te acopias diariamente casi de todo lo que se escribe, como ratón de biblioteca y ahora de internet, si no aspiras a leer en varios idiomas, si no descifras los códigos de la red? Definitivamente, estamos largo de la meta: ser periodista es la suma de todos los oficios. Tal vez por eso sea la mejor profesión del mundo.