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La frase, de Julio Verne, es utilizada por la planetaria Amazon para promocionar sus ubicuos dispositivos de lectura digital, con los cuales hoy cualquier persona puede acceder, desde donde se encuentre, a las colecciones más vastas de material contemporáneo para su educación profesional y formación continua. Es una afirmación más que cierta la atribuida a dicho genio y que afortunadamente estamos transitando.

Desde ese lejano 1452, cuando Johannes Gutenberg imprimía trabajosamente su Biblia de 42 líneas por página, hasta este tiempo alucinante en que usted mismo puede elaborar el libro que desee publicar globalmente, han acontecido verdaderas maravillas.

El tema lo veo relevante no solamente por el impacto que debe tener en los jóvenes la educación autodidacta y de formato libre, que se está consolidando hoy día como una de las tendencias más sólidas, para la preparación de esa generación necesaria de talentos hiperespecializados que están demandando con más premura las empresas.

El otro ángulo es su huella y signo en lo que es la cultura de la libertad; en el libre albedrío de pensamiento, en esa soberanía existencial donde usted mismo divulgue sus propias posturas, exprese sus ideas, reflexiones y que de una manera tan increíble puedan hacerse disponibles a un universo infinito de lectores.

Esto sería inimaginable para aquel "impresor" germano, que a pesar de su revolucionario invento de masificación de ideas, moriría absurdamente arruinado e ignorado por sus contemporáneos, habiendo liberado a tantos escribanos de la tediosa tarea de copiar a mano inacabables volúmenes enteros, pero principalmente, emanciparía formidablemente las mentes de billones de personas con su innovador aparato, ahora absurdamente primitivo.

He tenido la oportunidad de publicar mi primer libro, que me llevó dos años prepararlo, siendo precisamente hoy que está viendo la luz en forma física como una obra convencional; no obstante, me tomó tan solamente un par de horas convertirlo al formato específico y subirlo digitalmente a esa ilimitada plataforma global de conocimientos.

Es un hecho que puede parecer intrascendente o banal, pero es una de las obligaciones que considero ineludibles por vivir en este tiempo: divulgar las experiencias adquiridas, compartir conocimientos, expresar puntos de vista; libertades fundamentales que frecuentemente se desperdician por pereza mental, por autocomplacencia, por elegir vivir en una zona de comodidad donde se prefiere, soberanamente, la ocupación en lo inmediato pero intrascendente en la búsqueda de la recompensa instantánea, en los rituales gregarios de evasión de la realidad.

El cómo liberar las ideas, darle forma a las reflexiones, debe ser una asignación obligatoria en un hipotético pénsum académico, puesto que hoy más que nunca se tienen los medios: lo que siempre está faltando, es la voluntad.

 

@carflom