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Desde hace algunos meses el precio del petróleo ha bajado constantemente. Antes de ese repentino descenso el barril costaba entre US$105 y US$110. Precio actual: US$76.51. Los inversionistas exigen medidas que “calmen los mercados”. ¿Cómo calmarlos? Mediante un acuerdo entre los países de la OPEC que se reunirán próximamente en Viena. Si la OPEC decide reducir su producción en por lo menos un millón de barriles diarios, el precio subiría --de la noche a la mañana-- a los US$80-US$90. Los mercados volverían “a la calma” y el consumidor a pagar el capricho del libre mercado. El caso del petróleo no es único. Los oligopolios fijan con igual arbitrariedad el precio de todos los productos del mercado mundial.

Pero ¿qué hay detrás del descenso en el precio del petróleo? Según muchos analistas esa caída no es casual, sino resultado de un plan político-económico. Se da en un momento de baja demanda por la desaceleración de la economía europea y asiática, mientras los EE.UU. -gracias a la tecnología del Fracking´-- no solo reducen sus importaciones, sino que pasan a ser uno de los mayores productores de crudo.

Un columnista del diario New York Times se pregunta en un reciente artículo: “Es solo mi imaginación o está en camino una guerra global del petróleo que enfrenta a los Estados Unidos y Arabia Saudí, por un lado, y a Rusia e Irán, por el otro?” Según él, hay razones para suponerlo, pues existe un precedente. Sin asegurarlo categóricamente, piensa que se está “tratando de hacerles al presidente Vladimir Putin y al líder supremo de Irán, el ayatola Ali Khamenei, exactamente lo que les hicieron los estadounidenses y los sauditas a los últimos líderes de la Unión Soviética: ahogarlos en petróleo --llevarlos a la quiebra bajando los precios del petróleo hasta un nivel por debajo de lo que Moscú y Teherán necesitan para financiar sus presupuestos”.

A la luz de la actual situación mundial, tal aseveración no parece tan fuera de lugar: 1) cuatro productores de petróleo están sumidos en el caos: Libia, Irak, Siria y Nigeria. En los tres primeros los EE.UU. son parte directa de ese caos. 2) Arabia Saudí y los EE.UU. enfrentan indirectamente a Rusia e Irán en la guerra en Siria. 3) EE.UU. y sus aliados han impuesto sanciones a Rusia por su injerencia en Ucrania. Rusia se alía económica y militarmente con China, y ambos forman parte del grupo BRICS, una organización que pone en serio peligro la hegemonía global de EE.UU. 4) El presupuesto de Irán depende en un 60% de la venta de petróleo y el de Rusia en más del 50%.

Se prevé que si la OPEC no redujera su producción para crear un alza superficial, el precio del barril de crudo caería por debajo de los US$70 y la economía rusa podría colapsar. ¿Efectos beneficiosos? Solo a primera vista.

Si bien la política exterior rusa es criticable, un mundo unipolar no es la panacea universal. La caída del bloque socialista no trajo la paz deseada. Desde que se rompió el equilibrio militar, proliferan los conflictos, y en casi todos actúan tropas de EE.UU. y sus aliados, no tropas rusas. Centenares de civiles han muerto en ataques de aviones teledirigidos made in USA, no rusos. El espionaje de que es víctima la población mundial se dirige en las centrales de EE.UU., no en Moscú.

Las Guerras Mundiales fueron desatadas por Occidente, no por Rusia. Se desataron para eliminarla, pero al final Rusia ha estado siempre entre los vencedores. ¿Eso qué importa? La realidad es esta: si los EE.UU. arrastraran a Rusia y su poderoso aliado China a un conflicto mundial, no habría vencedores ni vencidos, sino un montón de escombros calcinados en la superficie de un planeta que pudo haber sido el paraíso para sus habitantes.

ampiecarlos@hotmail.com