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El pasado 19 de noviembre se cumplieron dos años de una sentencia destinada, si se sabe aprovechar, a cambiar el rostro de nuestro Caribe. Tras una dura y denodada lucha de 250 años, Nicaragua culminaba un largo proceso de defensa de sus derechos territoriales sobre la Mosquitia. La sentencia de la Corte Internacional de Justicia vino a cerrar con broche de oro un largo proceso, a través del cual, y a pesar de todos los pesares, Nicaragua batalló por ese territorio. Tenemos litoral caribe porque Nicaragua nunca reculó frente a Inglaterra. Desde las invasiones inglesas del siglo XVIII hasta la ocupación militar de Bluefields por Rigoberto Cabezas, en 1894, mucho sufrió este país.

En 1847, Inglaterra notificó a Nicaragua que San Juan del Norte pertenecía al reino mosco y que debía retirar bandera y autoridades. El gobierno respondió enviando una fuerza de 500 hombres, que se apostó, luego de fortificar San Carlos y el castillo La Inmaculada, en un punto próximo al río Sarapiquí, bautizado Batería de Isla Trinidad.

En enero de 1848, una flota británica depuso a las autoridades nicaragüenses de San Juan del Norte. No obstante, tras la retirada inglesa, se retomó el puerto, se izó la bandera nacional y se capturó a las autoridades moscas. El 8 de febrero retornaron los ingleses, que reocuparon el puerto y se adentraron en el río San Juan. El 12 de ese mes sucedió el combate en Isla Trinidad. Aunque los nicaragüenses batallaron más de tres horas, la potencia de fuego inglesa terminó imponiéndose. Es poco conocido este episodio quijotesco. Para valorarlo en su medida debe considerarse la abismal diferencia, en 1848, entre Nicaragua y el mayor imperio del mundo. Militarmente no valió nada; políticamente sí, pues hizo constar la decisión nicaragüense de defender su territorio. Esta tozudez llevará al tratado de 1860, donde Inglaterra reconoce la soberanía nacional sobre la Mosquitia, aunque esa soberanía quedaba limitada por los derechos del reino mosco. Reconocimiento formal, pues Inglaterra mantuvo su dominio.

En 1894, cuando Rigoberto Cabezas ocupa Bluefields y depone al rey mosco, Nicaragua pudo perder la Mosquitia. Rebeliones de moscos y extranjeros, apoyados por tropas inglesas, casi frustran la acción de Cabezas. Pero hizo presencia el oportunismo de EE.UU. que, interesado en un canal interoceánico, decidió apoyar a Nicaragua frente al Imperio Británico. El tratado de 1905 puso fin, de una vez y para siempre, a las pretensiones inglesas sobre la Mosquitia. Hasta entonces tuvo Nicaragua control real del litoral caribe, al precio de pagar 15,000 libras esterlinas a Inglaterra de ‘indemnización’.

Cuatro años antes, en 1890, se habían ocupado las islas Mangle o del Maíz, pretendidas por Colombia. Poseyendo al fin dominio sobre la Mosquitia, el paso siguiente era recuperar las islas de San Andrés y Providencia, en manos colombianas, beneficiaria de la ocupación británica, que había impedido a Nicaragua ejercer soberanía sobre su Caribe. El reclamo se planteó en 1897, quedando sentada la litis entre Nicaragua y Colombia. En 1924, el ministro de Exteriores de Nicaragua, José Andrés Urtecho, entregó a EE.UU. una contundente alegación sobre los derechos del país, titulada “Memorándum explicativo de la CONTROVERSIA entre Nicaragua y Colombia sobre el Dominio de las Islas de San Andrés” (este Memorándum fue reeditado por el Ministerio del Exterior nicaragüense en 1981). No obstante, EE.UU. decidió apoyar a Colombia, obligando a la Nicaragua intervenida a firmar el obsceno tratado de 1928.

La dictadura somocista aceptó los hechos impuestos por EE.UU. y nunca elaboró una política territorial, salvo reclamos formales sobre los cayos Roncador y Serrana y el banco Quitasueño. El abandono de los intereses territoriales de Nicaragua era tal, que había admitido la pretensión hondureña, de establecer como línea de delimitación marítima el paralelo 15. Hacia el este, bochornosamente, los mapas oficiales terminaban en el meridiano 82, de forma que no era posible para quien viera ese mapa, tener una visión general del mar Caribe nacional. La situación de los derechos territoriales marítimos era desoladora y revertir tal desastre exigía de acciones contundentes, que permitieran sacar a Nicaragua de la postración en que estaba.

E triunfo de la revolución sandinista lo cambiará todo. Desde Cancillería se empezó a elaborar una estrategia de defensa territorial, que fue aprobada sin vacilaciones por la Junta de Gobierno, a finales de 1979. Atender la III Conferencia del Mar, entonces en plena efervescencia en NN.UU., fue el primer paso. El segundo, adecuar la legislación nacional al naciente Derecho del Mar. De ambas acciones surgió el punto de partida de la nueva estrategia: la Ley sobre Plataforma Continental y Mar Adyacente, aprobada el 19 de diciembre de 1979. Pero este tema va en la segunda entrega. (I)