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En cuanto a Galo Muñoz Arce, sabemos que llegó del sur, asiento territorial de viejas razas quechuas, incas y aymaras; también nido de una fantástica, monumental y emblemática ave de una gran cultura: el Cóndor Andino, ave solitaria que en el año mil novecientos setenta y nueve, el tercer mes de verano, al rayar el día, entró en conexión con los astros venus, marte y júpiter, encumbró sus anchas y fuertes alas, para dirigirse hacia el norte.

Y aquel Cóndor Andino, conocedor de su destino cósmico y siempre volando hacia el norte, iba a cumplir con la profecía, de un viejo kañari itinerante de los Andes, llamado Huayrapamuzhca (hijo del viento), hasta llegar a un territorio también de ancestrales tribus amerindias, nicaraos, chorotegas, nahuas, niquiranos, chontales, dirianaes, sumos, ramas y miskitos. Una tierra de lagos, volcanes, llanuras, de agrestes montañas y caudalosos ríos. Un lugar donde más de mil cachorros sueltos, hijos de Puma y Quetzal luchaban por su liberación.

Y siempre con rumbo fijo, aquel Cóndor, descifrando constelaciones, continuó volando hacia el norte, cruzando escarpadas montañas, inmensas llanuras, tupidos bosques lluviosos; bordeando costas, acantilados, farallones y manglares. Después de cruzar una enmarañada selva llena de pantanos y peligros, el Cóndor Andino avistó los primeros volcanes, hasta asentarse en uno de ellos llamado Orosia, a una altura aproximada de mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar. Divisó por vez primera aquella tierra profetizada, anunciada muchos años atrás por el viejo Huayrapamuzhca, curandero itinerante de los Andes. Era la tierra del gran cacique Diriangén y de Nicarao, Nicarahuac y su lago Cocibolca.

El Cóndor sobrevoló aquel inmenso mar de agua dulce hasta llegar a una isla denominada Ometepe, con sus dos volcanes: Maderas y Concepción, donde descansó durante dos días seguidos proveyéndose de alimentos para continuar su rumbo. Después de nueve días de largo viaje con sus poderosas alas, cortando nubes y nubarrones, el Cóndor Andino llegó a una montaña llamada Quiabúubicada, en el norte de Nicaragua, para luego dar un salto hacia El Tisey.

El Cóndor Andino inicia su recorrido por la cumbre de un pequeño cerro llamado Las Pintadas, a orillas de la ciudad de Estelí y su hermoso río de obsidiana, centro ceremonial chorotega, lugar donde un poderoso chamán, El Brujito, tenía su santuario y un trono labrado en roca viva.

Y fue, precisamente, en aquel cerro Las Pintadas, donde el Cóndor vibró como lo hiciera por primera vez en otro santuario llamado Ingapirca, ciudad construida por los cañaris, los incas y cóndores peregrinos. Fue así como aquella intrépida y peregrina ave de Los Andes ecuatoriales llego a convertirse en ave- hombre, reconociéndose como Galo, Galito, Pacha-mama o simplemente hermano Cóndor.

Hoy, todo un pueblo agradecido en ciudades, valles y montañas, siempre recordarán a aquel Cóndor Andino por su periodismo militante y comprometido, su rectitud inquebrantable y dedicación al rescate de nuestra identidad cultural. El Cóndor Andino, implacable y feroz iconoclasta rompedor de imágenes de una rancia oligarquía que apesta. Entre nosotros, siempre vivirás.

 

(Presentación del libro “Vuelo de Cóndor”, del periodista ecuatoriano-nicaragüense Galo Muñoz Arce, que será lanzado en Estelí y Cuenca Ecuador, próximamente).