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“¡Crear o Morir! – La esperanza de América Latina y las cinco claves de la Innovación”, el más reciente libro de Andrés Oppenheimer, debería ser un recurso de cabecera para los mediáticos grandes empresarios en Nicaragua.

Este formidable reporte a través de sus 330 páginas, explora y desmenuza las claves de la innovación que han permitido a sociedades contemporáneas alcanzar estadios cimeros de desarrollo económico y social, pese a su poca o nula dotación de recursos naturales.

Sostiene unas posturas que van totalmente a contravía del modelo que algunos en nuestro país, juzgan y aplauden frenéticamente con bombos y platillos, como muestras de exitosos negocios, que no son más que la misma receta fracasada de primitivos esquemas empresariales netamente agrícolas, sin valor agregado alguno, y que conllevan altísimos costos ambientales impidiendo un verdadero desarrollo económico.

La verdadera prosperidad de una nación, plantea ese autor, “depende cada vez menos de sus recursos naturales y cada vez más de sus sistemas educativos, sus científicos e innovadores”.

Oppenheimer desdice creencias a las que él mismo se había adherido anteriormente, cuestionando fáciles recetas, que hoy con su actualizada investigación contemporánea, da por sentado que ahora tienen que ser reemplazadas.

Considera superada la suposición que afirmó en sus obras anteriores, que lo más efectivo para potenciar la innovación “era ofrecer estímulos económicos, o reducir las trabas burocráticas, o tener un buen clima de negocios”, para lo cual, gerentes de numerosas empresas innovadoras, le atestiguaron que en realidad eran apenas pre-condiciones, que la verdadera clave estriba en “contar con una masa crítica de mentes creativas respaldadas por buenos sistemas educativos”.

Preocupa el planteamiento sombrío que hace este autor, continuando con sus enfoques sobre las claves del desarrollo y las causas del subdesarrollo; que “los presidentes latinoamericanos que dicen que sus países prosperarán vendiendo petróleo, soja y metales, o ensamblando piezas para la industria manufacturera se están engañando a sí mismos o están engañando a sus pueblos”.

Las cifras que ofrece son también contundentes, y estimo que debe llevar a una reflexión para todos aquellos “visionarios” actuales, que se regocijan en algunas cifras económicas sin hacer ningún análisis cualitativo sobre la adecuación y sostenibilidad del modelo empresarial.

Afirma además que hace medio siglo, la agricultura y las materias primas componían el 30% del PIB mundial, mientras que actualmente, su peso relativo es apenas un 3%; en donde los servicios tienen ya una incidencia del 70%.

El problema principal es que en Nicaragua seguimos mentalmente cautivos de las mismas y facilistas recetas de falso desarrollo, que no han llevado más que a una irreversible degradación ambiental y proliferación de profesionales sin profesión, jactándonos alegremente en ser el modelo perfecto de una eterna república bananera.

@carflom