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En los Estados Unidos siempre hay contiendas políticas. Sean estas por la Presidencia, las curules en el Senado, la Cámara de representantes o las alcaldías.

Así, en cuanto un candidato gana una elección, inmediatamente otros contendientes, comienzan a proyectarse para la campaña siguiente.

En la contienda electoral presidencial norteamericana solo hay dos bandos: republicanos y demócratas --y aunque existan los independientes y libertarios, estos son disidentes incómodos y minoritarios.

Los republicanos son de derecha; los demócratas son de una izquierda variopinta: liberales, socialdemócratas, y algunos radicales. Pero, todos dentro del marco de la democracia republicana Occidental y el Estado de Derecho.

Los republicanos quieren volver al poder luego de la permanencia de 8 años del presidente Obama. Él trató de hacer un gobierno con muchas buenas intenciones; pero tuvo apoyo insuficiente del Congreso. Ha estado enfrentando la alarmante retórica anticomunista venida del Tea Party, donde parece que se refugiaron los extremistas republicanos. También debió afrontar una agenda internacional cargada de desafíos globales y diversos enemigos.

Pero, en la contienda del 2016 no solo se podrían encontrar dos dinastías: la de los Clinton, con Hillary --una moderada socialdemócrata, con un sentido realista de la economía y con mucha experiencia internacional--. Y posiblemente, la de Jeb Bush --muy práctico, católico, balanceado, prudente, con experiencia de gobernador de la Florida; casado con una mexicana--. Es hijo y hermano de presidentes (¡todo un clan del Sur!), que parece representar una opción muy confiable.

Y es muy probable que entre otra mujer a la contienda: ¿la senadora Elizabeth Warren (demócrata, Massachusetts), de ascendencia indígena; o la señora Michelle Obama?

Otro candidato es Chris Christie, un republicano moderado, católico, trabajador, sensible orador, con experiencia como gobernador de New Jersey.

Y hay republicanos con acento latino: 1) Ted Cruz, católico, de origen cubano-irlandés, senador de Texas; un político propositivo, práctico, de largos discursos; 2) el joven Marco Rubio, cubano-miamense; con una propuesta conservadora-moderada en temas como reforma migratoria, pago de impuestos y política exterior. Es visto como el Príncipe del Tea Party.

¿Quién más se nominará para la contienda?

Es muy temprano para atreverse a pronosticar. Además que siempre surgen nombres, alianzas y escándalos que trastornan las tendencias.

Y aunque las mujeres estén en voga, el legado “cuestionable” de Barack Obama, pierde viabilidad para los demócratas. Va en detrimento de Hillary Clinton.

Pero si llegan los republicanos para enderezar los desaciertos demócratas, ¿Jeb Bush sería la mejor opción?

¿Ello confirmaría la tesis de que los clanes son más favorecidos?

Por otro lado, no creo que Marco Rubio sea viable, por el momento. Pero sí tiene madera. Su mejor momento le puede llegar si sabe esperar e interiorizar los aprendizajes.

Y si ninguno de ellos se postula, ¿no sería muy favorable todo para Mitt Romney, quien después de esperar ocho amargos años, ha callado humildemente viendo cómo Obama se diluye como la arena del reloj, confirmando así que la mayoría de los votantes se equivocaron?

Por de pronto, las opciones latinas son frágiles. Y los estadounidenses WASP (blancos, anglo-sajones y protestantes) no estarán muy deseosos de probar suerte con otras minorías exóticas, después de ver a Obama intentar crear un liderazgo con los de abajo.

Los Estados Unidos ya están entrando a una nueva era donde los problemas internos son tan acuciantes como los externos; y los asuntos de seguridad exterior son más bien amenazas cercanas donde los enemigos se multiplican.

Vienen tiempos cruciales para los intereses norteamericanos. Su dilema yace en saber que optarán por recuperar su liderazgo alicaído o ceder ante la pujanza china.

Por ello, Washington quiere retomar el liderazgo en un escenario internacional inaceptable a su mentalidad. Además que las instituciones occidentales se ven desafiadas y cuestionadas por nuevas potencias.

Con el aumento de inmigrantes latinos --y de otras minorías-- en las esferas del poder norteamericano, ¿la cultura anglosajona se vería amenazada?

El hecho de que haya un Obama, y entrar en a la contienda un Cruz y un Rubio, reafirmaría el desafío.

Cabe la posibilidad de que el sistema se rompa si surgen otras fuerzas. ¿Quién asegura que no cambiará alguna vez?

El sistema norteamericano nunca previó la inmigración del Sur o del Oeste. Tampoco la diversidad cultural global. O la tolerancia religiosa extrema. Todo fue hecho para que diversidad significara irlandeses, escoceses, holandeses, alemanes. Y tolerancia religiosa implicara solo variantes del cristianismo.

Esos preceptos constitucionales datan de hace 200 años. Ahora son otros tiempos. Son otros desafíos y amenazas. Los principios también cambian.