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Roberto Treminio Aburto, “El Joven Treminio”, periodista, logró ser como quiso hasta su muerte, acaecida este 3 de diciembre de 2014. Hizo cosas con su propio sello original. Compartimos la redacción en los noticieros Hoy y Mundial. Le preguntaban: ¿vos sos Treminio, el de las novelas, el teatrista? Respondía: “Sí, yo soy el joven Treminio”. Contestaba, asegurando que era menor que su hermano, el veterano periodista Guillermo César Treminio Pérez. Por eso, todos le llamábamos el “Joven Treminio”.

Su hermano insistía: “No tenés voz de locutor, hacé otra cosa, redactá noticias”. Pero él se apasionaba por tener un micrófono en las manos. En la radio, en perifoneo o haciendo shows en restaurantes, cabaret o en sus propios espectáculos. En los años 80, cuando el gobierno sandinista decretó la suspensión de la censura a los medios de comunicación y ofreció todo el material necesario en los medios escritos, Roberto Treminio fue mencionado por el gobierno, con la facultad de organizar a los periodistas, locutores, controlistas y demás trabajadores de los medios de comunicación, en lo que él llamó Alpun, Asociación de Locutores, Periodistas Unidos de Nicaragua. Además de la organización se le dio la posibilidad de adquirir papel, tinta y otros materiales.

Treminio Aburto reía a carcajadas y se burlaba de los periodistas, pues él tenía un medio de comunicación y una organización al margen de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) y la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN). Además, su medio figuraba entre los que podían circular libremente sin censura.

Su hermano Guillermo Treminio repetía ante el hermano que sus fuentes informativas eran, entre otras, la Cámara de Diputados, la Cámara de Comercio, etc. Pero él llegaba con noticias, no de las agendas de los funcionarios o de los políticos, sino con la agenda suya: “Jerónimo Gonzales, periodista, lo confundieron con un enfermo del Hospital Siquiátrico en el km 5, pues andaba pelón y creían que se había escapado del hospital". Un hecho parecido narró respecto al excomandante guerrillero William Ramírez Solórzano y con el festejo de la boda de Bayardo Arce, que provocó llamada de atención al Noticiero por parte de la Dirección de Medios de Comunicación.

Treminio Aburto hablaba con el lustrador del parque central, detallando su forma de vida, los costos de la pasta, el cepillo y de sus amores a puro “lustrar”. Hacía noticias del borrachito, de la limosnera, etc. Los artistas tenían en Treminio un promotor cultural, que les daba premios, entradas al cine, al restaurante o un pergamino, sin que recibiera altas sumas de dinero, como decían otros que él sacaba.

En una ocasión, convocó a todos los empleados del diario La Prensa, periodistas, corresponsales, linotipistas, contadores, etc., a un homenaje al Dr. Pedro Joaquín Chamorro en un balneario de la carretera a Tipitapa. El director del diario lo destacó posteriormente y para él “fue… sin querer queriendo”.

Siempre se negó a tener un patrón (empleador) y a ser como los otros periodistas que se distinguían por cubrir a los "poderosos" y llevar las noticias exclusivas. No aparentaba tener dinero y esa no era su principal preocupación, pues vestía con desenfado. Así vivió y no dijo, quiero ser ejemplo, sino que ejemplificó el desinterés con su conducta inusual en una época llena de prejuicios y esquemas cerrados.

Roberto Treminio Aburto no se propuso heredar fortuna a sus hijos; sin embargo, los dejó con un lugar para vivir –que fue ganado honradamente--. Vivió una vida honesta, pues su humildad no le permitía asociarse con la corrupción, o bien, para adquirir algo propio del gremio del periodismo, donde una forma de accionar es el “venado”. Que en paz descanse este amigo, que fue dueño de su propio destino.