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Es un honor para The Latin Review Editors poder celebrar los cincuenta años de escritura de Jorge Eduardo Arellano con un libro electrónico que compila su bibliografía, una exposición de setenta de sus mejores portadas y una charla suya sobre Rubén Darío y los Estados Unidos en esta biblioteca (West Regional Kendall Library) de Miami, Dade, en Florida, Estados Unidos.

Necesitaría varios días con sus noches para presentarles a Jorge Eduardo y me quedaría corta, muy corta ante su trabajo y ante el libro realizado por Pablo Kraudy, colaborador y amigo: El polígrafo de Nicaragua, un libro íntimo y familiar, que a la vez compila su bio-bibliografía. Con El polígrafo de Nicaragua, Kraudy nos entrega certero botón de muestra de Jorge Eduardo y su lectura debería de constituir su verdadera presentación.

Celebramos cincuenta años de escritura que incluye catorce poemarios, cuatro volúmenes de relatos, dos novelas cortas y más de 180 publicaciones entre ensayos de crítica e historia literaria, estudios sobre Sandino, Darío, Salomón de la Selva, antologías de cuento y poesía, ediciones de revistas, tomos de historia, incursiones lingüísticas, crítica e historia del arte y compilaciones bibliográficas, sin olvidar nunca la historia del beisbol en Nicaragua y su poemario Extra bases y otras sorpresas (Memorial de nuestras viejas glorias beisboleras).

Jorge Eduardo ha sido también director y editor de al menos 15 publicaciones periódicas, entre las que cabe destacar el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación del Banco Central de Nicaragua (1974-2014), la Revista de la Academia de Historia y Geografía, Repertorio Dariano y una gran noticia: la revista Acahualinca, que está por salir. Ha sido director de la Academia Nicaragüense de la Lengua y es secretario de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

De sus publicaciones mencionaré Cartas desconocidas de Rubén Darío, que es parte de su proyecto cultural sobre Darío, y Panorama de la literatura nicaragüense. Aunque debe de valorarse siempre por la totalidad de su obra. Jorge Eduardo es referencia obligatoria para cualquier persona que quiera incursionar en el estudio de la literatura, la cultura, la historia y la lengua nicaragüense.

Más de 180 libros publicados lo convierten en uno de los intelectuales más prominentes de toda Centroamérica. En palabras de Julio Valle-Castillo: “De la generación del 60, Jorge Eduardo Arellano ha sido la criatura que ha completado a cabalidad el tipo de hombre de letras que muchos deseamos ser.”

El referido libro compilado por Kraudy ofrece 16 semblanzas sobre JEA. Una de ellas tiene de autor a Noel Rivas Bravo, con quien hiperbólicamente lo conceptuó como “toda una institución él solo, una personalidad, un personaje, un tayacán, un monstruo de la naturaleza. Con la misma pasión y el mismo entusiasmo, combate y ha combatido en las filas de tirios y troyanos. Sin ningún afán de medrar ni de enriquecerse, sin ambición malsana de poder, con las manos limpias, con la inteligencia alerta, guiado únicamente por un instintivo anhelo atávico, de verdad, generosidad y justicia´´.

Otra semblanza, suscrita por Horacio Peña, se titula “Un escritor de inagotables dones” y comienza: “Nada de lo nicaragüense le es ajeno. Dotado de una inmensa memoria y de una increíble voluntad de escribir y descubrir lo nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano levanta y rescata día a día, esa Nicaragua, que de no ser por él sería para nosotros una desconocida. Inexistente”. Y su maestro Pablo Antonio Cuadra afirmó en 1989 al recibir JEA el premio a nivel latinoamericano convocado por la OEA por su libro sobre Azul… de Rubén Darío: “Jorge Eduardo Arellano, fenómeno de nuestra cultura, capaz de cansar diez imprentas, de tener encintas a las nueve musas y de llenar una biblioteca sólo con sus obras”.

Personalmente puedo dar fe de que los libros y la amistad son su patrimonio. En sus propias palabras: La amistad es pan para la mesa / y vino para alegrar el corazón,/ Aire y diálogo y convivio […] La amistad detiene la violencia del tiempo/Y oculta el definitivo rostro de la muerte.

No se diga más y que inicie esta celebración por la vida y obra de Jorge Eduardo Arellano.