Guiilermo Cortés Dominguez*
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Al debatir en Nicaragua sobre la restitución del derecho al aborto para salvar la vida de la mujer, es más productivo centrarse en los hechos, para no contaminar la discusión de nocivas influencias politiqueras, o de manipulación religiosa o de cualquier otro tipo. Por ejemplo, cuando una persona se pronuncia por salvar la vida de la mujer, alguien opuesto a esta idea, acusa a la primera de “asesinar” al no nacido, y reivindica el derecho de este al nacimiento; pero siguiendo su mismo planteamiento, automáticamente se le puede aplicar el cognomento de “asesinar” a la madre. Por eso, este tipo de discusión esquemática, y maniquea, no conduce a nada.

El asunto de fondo en este debate es el interés superior. Ya sabemos que hemos llegado a esa situación extrema que nadie quiere, de que está en juego la vida de una mujer, por un lado, y un no nacido, por el otro. Debido a complicaciones de salud de la madre, solo uno de los dos vivirá, no hay soluciones intermedias, por eso nadie quiere estar en esta dramática situación de tener que decidir por uno de los dos, pero suele suceder, y los médicos y paramédicos deben tener claridad sobre cómo resolver, y no sentirse amenazados por alguna penalización al aborto.

El interés superior llevaría a los médicos a salvar a la mujer. ¿Por qué ella representa el interés superior? Porque la mujer está dotada del privilegio único de la capacidad de reproducción, de supervivencia de la especie humana, es decir, ella puede perder a un no nacido ahora, pero puede dar a luz a otro, u otra, en el futuro, o a varios más. Es decir, el aborto no solo le salva la vida a la mujer, sino que hace posible que otros niños vivan posteriormente, lo cual no habría sucedido si se hubiera preservado al no nacido, quien no solo no tendría mamá que lo criara y educara y lo llenara de ternura, sino que no habría tenido hermanitos y hermanitas, y hasta ahí hubiera llegado un potencial reproductor de la vida.

En el caso de que esta mujer ya tuviera hijos e hijas, sobre todo niños y niñas, estos pasarían un calvario ante la ausencia de su mamá. Hay hogares privilegiados en que papás excepcionales se comportan casi como que fueran madres, pero son casos raros, por eso la mamá es insustituible en la crianza de los hijos, y sin duda alguna hay que salvarla si se encontrara en peligro. En este caso, entre un no nacido, y los niños y niñas que ya existen, el interés superior correspondería a estos últimos, pues privilegiar al no nacido significaría que muera la madre, y que el niño recién nacido, y los niños que ya existían, queden sin una mamá que los cuide, que los alimente, que los proteja y que les dé amor.

Por eso es que en la vida privada de las familias, casi no hay ninguna duda de cómo proceder ante una madre en riesgo de perder la vida, o de quedar gravemente afectada. Y sin hacer bulla toman la decisión, y salvan a la mamá, por el interés superior. Es muy difícil que ante estas situaciones terribles, estas encrucijadas indeseables, en la práctica alguien se incline porque muera la mujer, porque claramente ella representa el bien superior.

El interés superior de la mujer está protegido jurídicamente por la Constitución Política de la República, y otras leyes y, por supuesto, por la legislación internacional, sobre todo por la Convención Internacional de los Derechos Humanos, cuyo día conmemoramos el miércoles pasado. Cuando un Estado hace caso omiso de esta legislación, e incluso crea leyes particulares contra el aborto, como es el caso del gobierno actual, le está negando a la mujer su derecho a la vida, y viola varios derechos humanos fundamentales.

 

cortesdominguezguillermo@gmail.com