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¿Se nace o se hace?… Analogía de quien fue primero: ¿el huevo o la gallina? Discusión estéril en estos tiempos de viajes a la Luna, a Marte y de nanotecnología; de células madres y de reproducción en probeta. ¿A quién perjudica, quita la sed, el frío o el hambre?

Expectativas ha creado la filosofía y estrategia del papa Francisco. Considerar humanos, con sentimientos y necesidades individuales a las personas, hombres o mujeres, hablando de los adultos que tienen decisión crítica en su conducta y comportamiento, es más o menos comparable cuando en el campo médico decimos que no hay enfermedades sino enfermos. Que cada individuo responde o reacciona distinto ante una fiebre, diarrea o infección, y ante un tratamiento cualquiera.

Repito: no hay enfermedades sino seres humanos que las padecen. Aceptar o no a quien siendo físicamente hombre actúe como mujer, o viceversa, es irrelevante; existe, han existido y seguirán existiendo, independientemente, de que los aceptemos o no.

¿Quién discrimina a una persona por nacer con la cabeza más grande, por nacer con 6 dedos en cada mano, por nacer con un síndrome discapacitante (Down, Marfan, cardiopatía, etc.)? Nadie, en teoría. Pues se consideran variantes congénitas aceptables, que deben tratarse y aceptarse. Convivir con ellas y procurar la mejor calidad de vida posible.

La clasificación internacional de enfermedades mentales (DSM) ya eliminó de su lista a las personas homosexuales y lesbianas como enfermos psiquiátricos (incluyendo todas sus variantes, que al final de cuenta se resumen en las 2 mencionadas: trasvestis, bisexuales, transgénero, etc.).

¿Por qué esperar a que 79 cardenales reunidos en el reciente Sínodo o Consistorio digan la última palabra sobre aceptar o no a estas personas? ¿A cuántas personas del mundo entero representan sus ideas? De 7,000 millones de individuos que habitamos la Tierra, solamente 1,000 millones aproximadamente practican la religión católica y se sujetan a los designios de dicha religión.

La gran mayoría, más de 6,000 millones, creen y hacen las cosas de manera muy diferente, según sus dogmas y sus dioses. No es blasfemia. Es realidad. Baste leer las noticias sobre los conflictos crónicos en países islámicos, budistas, judíos y demás. Guerras y muertes cada día, en nombre de sus dioses. Los promotores de dichos conflictos seguramente no pertenecen a ninguna creencia, más que al dinero y el poder.

Lamentable realidad, aunque sean ellos y ellas los que deciden.

Retomando la idea central del escrito, ¿quién decide nacer masculino o femenino?, nadie. Los genes se encargan de orientar nuestra tendencia toda vez iniciamos a desarrollar la sexualidad con criterio, allá por los 10-13 años. Antes, no tenemos conciencia de ello.

La sociedad o modelo de crianza puede que influya, pero no es determinante. La educación (formal e informal) puede contribuir también a una definición, pero no es lo que determina el comportamiento y conducta. Lo más cercano a la causa determinante es la variante genética.

Recientes estudios en la mosca de la fruta, modelo animal de experimentación comparativa, por tener códigos extrapolables a nuestra especie, arrojan información que dice que puede influirse en ellas para que se comporten como machos o hembras, según la manipulación que se haga sobre sus genes.

Esto viene a confirmar la teoría que existe hace tiempo ya, sobre un Centro de Apareamiento a nivel cerebral que nos indica cómo debemos comportarnos socialmente, si como hombres o como mujeres, independientemente de nuestros rasgos físicos visibles. Ante tal comportamiento, la sociedad debe respetar la decisión de cada individuo.

No queremos hacer apología de determinados juicios de valor, sobre su validez o no, pero tampoco se trata de fomentar o promocionar aquello que social, cultural y moralmente no se entiende y acepta en estos tiempos de cambios tan acelerados. Habría que esperar para entender mejor estos fenómenos socioculturales y que no impacten de manera tan severa que puedan provocar un sismo social tan estrepitoso como el del cambio climático. Paciencia y tolerancia, abrigada con justicia, para una coexistencia humana pacífica.