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El laureado poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz, decía que la revolución mexicana fue más bien una revuelta.

Y cuando aseveró eso, se sustentaba en que “la revolución mexicana fue sangrienta, solo hizo algunas reformas agrarias y más bien entronizó en el poder a una elite partidaria”.

Con ese referente, me he preguntado si ha ocurrido lo mismo con las revoluciones del resto de América Latina.

O tal vez quepa preguntarse, ¿qué son sus dirigentes: revolucionarios, rebeldes, o revoltosos?

Recurrir a un diccionario sería ofensivo para los revolucionarios. Solo ellos se pueden definir.

Por ello, en una entrevista concedida a CNN, hace algunos años, Fidel Castro dijo que “los revolucionarios son hombres solidarios, que luchan por la justicia, y tienen mucha humildad”.

Si usamos esa referencia, nos damos cuenta que “solidario” es todo aquel que da, comparte, practica mucho el altruismo o la caridad. Pregunto, ¿Cuántos seres humanos solidarios hay, que no necesariamente sean revolucionarios?

Uno de los mayores revolucionarios del siglo XX fue Ghandi. Y al leer sus discursos, nos damos cuenta que pocas veces usó el adjetivo “revolucionario” para sí. Es decir, no anduvo etiquetándose. Y sus logros son infinitamente más grandiosos y trascendentales que aquellos de los jactanciosos oradores tropicales.

Si hablamos de “justicia”, sucede igual. Siempre ha habido luchadores por la justicia que no andan pregonando saberse justicieros-salvadores, ante auditorios cautivos.

Sin dudas, hay injusticias por todas partes. Pero los que luchan por la justicia no deberían ver colores políticos, ideológicos, ni sociales. En ese sentido, Abraham Lincoln, Martin Luther King Jr., y Nelson Mandela, fueron verdaderos abanderados de la justicia. Ellos nunca estuvieron sermoneando, a los cuatro vientos, que ellos eran indispensables para sus pueblos o hayan tenido la paranoia de persecución sufrida por todos los que se aferran al poder y se rodean de docenas de guardaespaldas.

Si las injusticias se dan por todo el orbe, ¿Por qué los revolucionarios latinoamericanos no se ponen del lado de los oprimidos cuando se atropella a ciudadanos iraníes, sirios y coreanos del Norte?

Si ellos lo hicieran así, me conmovería tal ejemplaridad. ¿O el sentido de justicia lo determinan que estén involucrados Estados Unidos o la Unión Europea?

¡Es ingenuo asumir que si hay opositores que se rebelan es solo porque Washington los instigue!

Hay gente tan calculadora o inmoral en Estados Unidos, como en Rusia o China. ¿O el mundo es de malos contra buenos, ubicados los unos al Norte y los otros al Sur? No.

¿Ingenuidad, ignorancia o fanatismo?

No creo que en Brasil, Sudáfrica, Chile o Uruguay (gobernados por líderes izquierdistas) hayan tenido políticas de reforma agraria, confiscando a los que más tenían, para repartirlas a los desposeídos. ¿O es que los revolucionarios más esnobistas creen que darle al que no tiene, arrebatando al que tiene, hace así mayor justicia?

Un ciudadano que sufre por alguna arbitrariedad o le son avasallados sus derechos, es víctima de una injusticia. Y no debe importar si los que la cometieren fueren torturadores de la CIA; o jueces venezolanos condenando injustamente a María Corina Machado; o policías iraníes reprimiendo a opositores; o policías ingleses vejando a algún musulmán por decir que “Occidente está condenado”.

¿O la justicia de los revolucionarios solo mira cuando los simpatizantes están del lado del Kremlin o El Alba?

Si la justicia hace diferencias, entonces no es justicia.

Si hablamos de “humildad”, jamás oí que Mandela hiciera gala de su superioridad moral o grandeza para perdonar. Tampoco supe que pregonara el odio de las gentes de raza negra contra los blancos. Su misión fue estar por encima de diferencias y prejuicios. Mucho menos que se supiera que ajusticiara o enviara al paredón a aquellos que discreparan de sus prédicas.

Y hay mayor nobleza aún, cuando despues de las injusticias infligidas por el régimen del apartheid sudafricano, y haber estado prisionero casi tres décadas, alguien consiga la libertad, perdonando e integrando a los grupos sociales, antes enfrentados.

Tampoco he sabido que Lula, en Brasil, haya endilgado culpas a las elites pudientes, por haber explotado a sus conciudadanos. No. El se esmeró en luchar a favor de la gente humilde sin avasallar a los adversarios.

La máxima política aquí es: luchar por las mayorías, sumando a los adversarios.

¿Deberían los jóvenes seguir estos inspiradores ejemplos o continuarán el modelo estalinista?

Porque, si las revoluciones solo tienen valores-a-medias, ¿Entonces, cómo pueden ser moralmente mejores que el modelo que intentan remplazar? ¿O solo les interesa el poder total y absoluto?

“¡Quítate tú…!”