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“Mi nombre es Mercedes y tengo 36 años. Mi mamá me regaló a una tía de ella cuando yo tenía cuatro meses y solo volví a verla hasta que cumplí diez años. Hasta la fecha no conozco a mi papá, por eso llevo los apellidos de los padres que me adoptaron y me dieron todito el amor del mundo, porque no tuvieron más hijos que a mí.

A los diez años, acompañé a mi padres al dentista, sin saber que el doctor era el marido de mi madre biológica. Al verlos, ella les preguntó por mí, se citaron a comer una semana después y me avisaron que entre todos me iban a contar algo. En ese almuerzo me dijeron la verdad y yo reaccioné horrible, lloré y me puse como loca negando que esa otra mujer fuera mi madre.

Esas son cosas que marcaron mi vida, porque al abandonarme ella, me hizo un daño inmenso. Mi madre adoptiva ya murió y mi madre biológica nunca estuvo para mí, ni siquiera cuando estuve grave en el hospital por la pérdida mi bebé. En esa ocasión, dijo que para qué iba a llegar a verme si no era Dios para salvarme.

Yo viví en El Rama hasta los 14 años, luego me vine a Managua a estudiar, aquí me enamoré y me casé a los 16 años. Tuve dos hijos y estaba pasando graves problemas con mi marido cuando el Ceprev me visitó. Mi esposo me había abandonado por una mujer más joven, pero a él lo invitaron a un taller y después de esa experiencia tuvo un cambio radical. Antes no quería ver a sus hijos ni a mí, pero después llegaba cariñoso, nos decía que estaba arrepentido de haber destruido su hogar y por eso acepté que lo intentáramos de nuevo.

Mi esposo ha cambiado, abraza a sus hijos, ya no les grita como antes, está pendiente de nosotros y trata de remediar lo que hizo. A mí me ha costado perdonarlo, porque hubo momentos en que pensaba en matarlo y era muy agresiva, pero con el Ceprev he aprendido a controlarme.

En medio de mis problemas yo también maltrataba a mis hijos, les pegaba con fajas, les gritaba de todo y los amenazaba con abandonarlos, porque era lo mismo que yo viví: les estaba pasando la cuenta por lo que me hizo mi madre. Solo vivía enojada, pero ahora ya no los amenazo ni les grito. Yo he sido simple por el abandono que sufrí, pero ahora quiero aprender a ser amorosa con mis hijos.

Mi primer paso es perdonar a mi madre. Ella también fue regalada y creo que por eso nos abandonó a mi hermana y a mí, pero nunca lo hemos hablado. El 30 de mayo pasó frente a mi casa y le di la espalda. Yo sé que eso le dolió y tengo ganas de hablar con ella, y saber quién es mi padre biológico y conocerlo. No me quiero morir sin saber de él.

Antes yo tenía mi autoestima por el suelo, pensaba que no era nadie y con el Ceprev he aprendido que las mujeres valemos igual que los hombres, y que soy una mujer valiosa”.

“Me llamo Vidal y tengo 39 años. Soy el esposo de Mercedes. Mi padre me abandonó recién nacido y mi madre me crió sola, fue padre y madre para mí. Mi padre era alcohólico y volví a verlo hasta que tenía ocho años, luego lo vi pocas veces hasta que murió. Ese abandono también marcó mi vida.

En mi infancia nunca jugué ni hice deportes, desde que recuerdo solo trabajaba con mi madre en el mercado. Tomé la decisión de trabajar por mi cuenta a los 15 años, y comencé a jalar canastos y carretones hasta que me metí al ejército a los 18 años. Tengo algunos meses de haberme retirado y ahora trabajo como vigilante.

Hace dos años me separé de mi esposa para irme con otra muchacha, pero me fue mal. En esos tiempos, un joven de mi barrio me invitó a un taller del Ceprev y ahí aprendí a comunicarme con mis hijos, y a no ser grosero con ellos. También aprendí a estar más cerca de mi esposa y a no quedarme en las calles buscando como divertirme.

Yo les diría a los hombres que la piensen bien antes de abandonar su hogar, porque uno cree que va a vivir tranquilamente con otra mujer, pero la verdad es que uno se siente mal. Mis amigos creen que venir al Ceprev es para los que están locos, pero es bonito porque nos han ayudado en muchas cosas para salir adelante con la familia”.

 

(La autora recoge testimonios de personas que desean compartir sus experiencias de cambio).