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Al estar iniciándose hoy oficialmente el proyecto mundial más grande de ingeniería contemporánea --asumiendo que sus estudios ambientales son correctos y viables en proteger los recursos sensitivos de la zona--, es importante reflexionar sobre el reto principal que enfrenta esta megaobra: la formación y calidad de los recursos técnicos que obligadamente tendríamos que preparar, bajo un esquema profesional, riguroso y oportuno.

Por estos días, muchos empresarios están alegremente haciendo números con los proyectos donde puedan participar en la fase primera de construcción; no obstante, la visión mínimamente lógica de las necesidades de este emprendimiento obligan a pensar en que debería preexistir un calendario que garantice la dotación de los recursos técnicos y profesionales que exige dicha creación, y no pensar tradicionalmente en la aportación de mano de obra barata y sin calificación, que es la primera naturaleza de actuación cortoplacista de algunos empresarios.

Como una reflexión mínima, aquellos que conocieron la realidad de la edificación de los dos centros comerciales más céntricos de nuestra capital, los constructores tuvieron necesariamente que importar hasta los maestros de obra de El Salvador; ni decir del personal técnico de mayor nivel. Esa fue una muestra rápida de nuestra inveterada carencia de recursos calificados en el área, y por más palabras patrioteras que algunos quieran decir, es una debilidad que se mantiene y que no tiene visos de superarse.

El canal nuestro obliga a tener ya definiciones serias y consistentes, si pretendemos que este proyecto en realidad pueda beneficiar transversalmente a nuestra economía. Señores del sector educativo: ¿tenemos ya esas clasificaciones y planes de estudio de esas profesiones específicas, o vamos a dejar que el azar, la improvisación y el empirismo resuelvan por nosotros?

Obligadamente, tengo que recurrir a hacer comparaciones entre el Canal de Panamá para remarcar lo imprescindible de la formación técnica de los recursos humanos. En septiembre de 1997 se realizó el segundo congreso internacional sobre esa vía acuática, como un recurso obligado de convencimiento al mundo comercial que la bienandanza, la operación, el mantenimiento y la seguridad de ese tránsito estaría garantizada, al ser transferida a los panameños la víspera del año 2000. Eso fue una muestra de seriedad que brindó un voto de confianza a sus recursos técnicos que estaban disponibles y en plena formación continua.

Según información técnica extraída de la página de su administración, esa entidad cuenta con 8 mil empleados que laboran en más de 850 ocupaciones técnicas especializadas --¿leímos bien?--, que en muchísimos casos, por su especialización, no hay oferta fuera del mismo proceso de formación local.

Si se quiere verdaderamente tomar ventaja de las oportunidades que trae aparejada esta obra, debe desarrollarse ya un Plan Nacional de Formación de recursos técnicos, que obligaría a un cambio de curso en el errático modelo actual de producción de "profesionales sin profesión y sin empleo”, enfatizando ahora en algunas ocupaciones consideradas despectivamente artesanales, pero que serían la columna vertebral del proyecto para su fase de construcción y operación.

Las profesiones afines a los procesos de control deberán ser desarrolladas con tiempo suficiente, a como se hace en la nación canalera, en una necesaria Escuela de Aprendices, la cual "prepara personal en más de 30 oficios que van desde plomería hasta soldadura", ocupaciones que en nuestro país son prácticamente empíricas.

Los prácticos que guían las naves por la ruta es una profesión que tarda muchos años; algunos pensarán que "eso se arreglará con el tiempo", lo cual es solamente un reflejo de nuestra irreductible vocación de improvisar.

Otra de las canteras formativas que dispone ese canal es la Unidad de Adiestramiento Marítimo, que está a cargo de la preparación de cuadros de altísima calificación como "capitanes de remolcadores, ingenieros de máquinas y operadores de lanchas", llegando hoy día los istmeños a tener allí el 70% de miembros.

Esa vía acuática es operada en un 90% por su personal nacional, lo cual debería ser nuestro objetivo de desempeño a largo plazo, ya que de otra forma, estaríamos solamente obteniendo beneficios marginales.

El proyecto de canal, por su seriedad, obliga a que la formación de sus recursos humanos sea una actividad número uno de su ruta crítica, si es que este proyecto se piensa realizar con seriedad.