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Terminó, el presidente Obama, su discurso sobre reanudación de relaciones con Cuba, afirmando, en español: “Todos somos americanos”. Hijos del mismo continente.

Hace casi dos siglos, otro presidente estadounidense, James Monroe, espetó una frase que haría historia: “América, para los americanos”. El continente, todo, para EE.UU.

Estados Unidos es país sin nombre, salvo que tomemos por tal la referencia a su estructura política: Estado federal. El nombre oficial de México es “Estados Unidos Mexicanos”. Brasil fue “Estados Unidos do Brazil” hasta 1968.

Cuando la independencia estadounidense, América era todo colonias. Llamarse ‘Estados Unidos de América’ debió entenderse singular. O, simplemente, salió así.

En EE.UU. se llaman también ‘Unión Americana’. En 1910, se creó, en Buenos Aires, la Unión Panamericana, primera organización regional. En 2001, nació la Unión Africana, otra organización regional. Unasur es la Unión de Naciones de Sudamérica.

Carecer de nombre llevó a EE.UU. --reflejo imperial-- a usurpar el nombre del continente entero. El caos en el resto de países hizo fácil su hegemonía y el expolio subsiguiente.

América fue para los ‘americanos’, a costa de nuestra miseria política y económica.

Obama puede inaugurar --o no-- un ciclo histórico que cierre, para siempre, el abierto por Monroe. Todos americanos, todos iguales en autodeterminación, independencia, derechos…

Sobre esas premisas podría construirse, por vez primera, una Unión Americana. La suerte del bloqueo contra Cuba nos dirá si estamos ante un cambio de signo o solo ante un gesto valiente, pero aislado.