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En la codificación del Derecho internacional contemporáneo, la lucha contra la tortura es reciente, esto a pesar de que la tortura ha acompañado la historia humana; es sabido que, Jesús sufrió el juicio más injusto de la historia, el tormento al que fue sometido es indescriptible… “Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre la Tierra… Y alrededor de la hora nueve clamó Jesús: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

En diciembre 2014 se cumplieron treinta años de la adopción de la “Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes”. Por ello, el tema es de agenda de los medios, incluyendo en América; continente propicio, para desmitificar a los inquisidores de la Edad Media como los mayores torturadores de todos los tiempos, aquí las heridas dejadas por los regímenes militares de la segunda mitad del siglo veinte todavía no cicatrizan y se laceran aun más, cuando se aborda el asunto de las cárceles estadounidenses abiertas en Guantánamo.

En 1946, en la zona del Canal de Panamá, el Ejército de los EE.UU. fundó la Escuela de Las Américas, donde graduó a 60,000 militares latinoamericanos. Ahí se enseño, adiestró y entrenó en métodos de tortura, secuestros, asesinato y de golpes de Estado. Estos conocimientos fueron puestos en práctica por los egresados, en sus respectivos países; el terrorismo de Estado practicado por estos regímenes calificaba de terroristas a sus víctimas para justificar su desaparición, tortura y muerte.

El expresidente Jimmy Carter es respetado por poner en práctica la política de los Derechos Humanos durante su período presidencial (1977-1980). Muy al contrario de Obama, quien omite que en su Administración se ha ejecutado la Ley sobre Comisiones Militares del 29 de septiembre de 2006, donde el Congreso estadounidense avaló prácticamente las violaciones contra los derechos humanos cometidas por EE.UU. en la “guerra contra el terror”.

Los presidentes Daniel Ortega, Dilma Rousseff, Pepe Mujica y el presidente del parlamento nicaragüense, René Núñez --todos ejemplos de reconciliación y perdón-- pasaron años en la cárcel. Recientemente Rousseff lloró al escuchar las conclusiones de una Comisión Nacional de la Verdad. Ella tiene en el cuerpo marcas de los casi tres años de represión sufridos en una celda. Mujica recientemente también sollozó en público ante la realidad mexicana y reflexionó: “Los que hoy sienten tanto dolor, nunca dejen llenar de odio el corazón”.

Es imposible saber qué implicó el sufrimiento de cargar todo el pecado humano. Jesús lo padeció; el dolor de crucifixión debió ser inaguantable, pero lo espiritual debió ser aun más inmenso.

Es seguro que Él siempre ha estado y estará presente en la fortaleza moral y humildad de quienes padecieron y padecen tortura, y hoy con sus buenas obras nos dan y nos darán su testimonio para no rendirnos ante la crueldad humana y el sufrimiento que esta provoca. Todo como prueba de que Dios nunca nos abandona, aunque a veces todo parezca oscurecer, como en la hora seis.