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Llegado el final de cada año es casi imposible no realizar un balance de nuestras acciones y metas propuestas. Tasarnos es un disfrute y una tristeza a la vez. Para aquellos que tenemos la suficiente madurez sociocultural e intelectual para observar los fracasos y aciertos, es imperioso afinar cada vez más nuestros planes de vida, con el objetivo de alcanzar niveles de progreso humano aceptables para la diaria convivencia. Si bien la perfección humana es imposible, ese debe ser el objetivo desde la pragmática de los hechos intencionalmente fraguados.

Por eso nuestros propósitos deben ser medibles y alcanzables, me ha dicho siempre una administradora de empresas que conozco desde hace casi diez años. Es una mujer guapa, delgada y baja que tiene una amplia experiencia en su ramo y cuya mayor virtud es su sinceridad sin reservas. Uno siempre se propone metas por el simple hecho de externar un deseo, pero esa motivación apenas mueve ideas, me dijo, con su cara fina, pero seria de profesional intachable.

En términos administrativos los proyectos hay que articularlos adecuadamente y con una tangente proyección de cómo alcanzar la productividad. Se puede hacer una simple plantilla donde los planes y su preparación se ajustan a tiempos, costos y resultados esperados, me explicaba con esa sonrisa gatuna detrás de la cual adivinaba condescendencia. Marcá fechas para medir los avances y vas ajustando nada más, dijo luego.

Comprendí todo lo que me había dicho, solo me asaltaba la duda de qué hacer con las metas subjetivas, por ejemplo demostrar mayor afectividad, ser más crítico, mejor escritor, recuperar cariños, etc. Pero luego entendí que en realidad todos los deseos son subjetivos hasta que nos empeñamos en volverlos prácticos con la sistematización de las acciones que se encaminen hacia ellos, aunque procurando que sean medibles, como dijo la chica.

Usted puede lograr todo lo que se proponga si primero calcula la efectividad de su realización, me exponía. Es cierto, ella es la prueba de eso, con la voluntad de su paciencia y su trabajo honrado, ha logrado a sus 36 años lo que toda mujer aspira en términos profesionales, todo; por eso cada vez más se convierte en mi modelo a seguir para cambiar mi visión astigmática de la vida y clarificarla con la honestidad de sus consejos.

Así que he sacado mi libreta y he hecho una lista de quince aspiraciones, a corto y largo plazo, porque en este caso la mediana solo es una etapa cuasi consumada entre el principio y el final. La lista la he guardado en un libro y la iré revisando cada mes, porque siempre creemos contar con el tiempo necesario para todo, pero no somos conscientes de nuestra efímera consistencia. Hoy estamos y mañana no, por eso hay que intentarlo desde ya, porque si bien yo tengo la fe, las intenciones y las razones, si me falta el tiempo, la administradora de mis propósitos de año nuevo sabrá que lo intenté. Inténtelo usted también este año.