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Sale una noticia afirmando que 2015 se parecerá a 2014. El cambio de fecha parece multiplicar las bobadas. Lo asombroso sería lo contrario. Que 2015 no se pareciera a 2014.

Los calendarios son construcciones culturales. Por eso hay y han existido tantos como culturas y religiones. En Física, el tiempo es una flecha sin retorno, giros ni sobresaltos.

La agitación religioso-cultural afecta cosas más mundanas, como nuestros bolsillos y salud. Atarantados por el cambio numérico gastamos lo que no tenemos, bebemos lo que no debemos, comemos lo que no necesitamos.

Diciembre es el mes décimo de los romanos antiguos, cuyo calendario iniciaba en marzo. Noviembre es el mes nono; octubre, el octavo. Agosto se llamó sextilis, hasta ser dedicado al emperador Augusto. Lo precedía quintilis, llamado luego julio, en honor de Julio César.

La barahúnda de las fechas, además, es autovía de desculturización. Una tradición salida del Círculo Polar Ártico llena el país de un señor regordete, vestido pesadamente de rojo, trineos de nieve y renos voladores. Todo muy propio de estos trópicos desolados y secos.

En Rovaniemi, Finlandia, está la ‘casa’ de ‘Santa’. En estos diciembres hace 20 grados bajo cero y dos metros de nieve lo cubren todo. El sol brilla moribundo dos horas y pasan sus habitantes en oscuridad casi total hasta marzo. Los finlandeses emigran, en masa, al sur de Europa, buscando la luz que su latitud les niega.

 

Aquí disfrutamos de sol. Feliz 2015.

 

az.sinveniracuento@gmail.com