•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En algunas ocasiones, he leído o escuchado en diferentes medios de comunicación el término “Indígena” cuando un periodista o presentador hace referencia a algún ciudadano que vive en el interior del país. Quizá, y es la única explicación que me puedo figurar, porque el ciudadano es oriundo de alguna región remota en donde el acceso vehicular, el agua potable, la electricidad o el desarrollo infraestructural en general son escasos, y esto probablemente, hace pensar al autor que eso es suficiente para adjudicarle al individuo dicho término.

Según el diccionario, la palabra ‘Indígena’ significa “Originario del país o área que se trata”. Dirá usted entonces que el término está bien empleado y me sumo al razonamiento. Pero entonces difiero cuando el término se utiliza únicamente para ciertos sectores de la sociedad, y es allí cuando la palabra pasa de ser un adjetivo y se convierte en un despectivo.

Me pregunto entonces: ¿por qué yo que soy de la ciudad de Managua o usted de Granada o su primo de León no venimos acompañados del ilustre termino “Indígena” al ser aludidos? ¿Será acaso porque tengo la cara más pálida o porque mido 1.85 metros de estatura? ¿Será porque conduzco un automóvil y no una canoa? ¿Será porque me entretengo viendo la televisión y no el fluir del río o el humo que emana el volcán? No lo sé, pero, según el diccionario, los tres somos indígenas en cada una de nuestras regiones. Al igual que lo es el indígena de Nueva York, París, Buenos Aires o Londres.

Sea cual sea el análisis para implementar este y otros calificativos, pienso que tenemos que dejar de crear celdas de colmena en la mente de la sociedad donde vivimos y comenzar a calificar al conciudadano con ecuanimidad, tal y como si fuésemos nosotros mismos, sin importar la región, el lenguaje, la forma de vestir u otros rasgos que nos distinguen por naturaleza o por incidencia, porque el desarrollo de una sociedad verdaderamente humana y saludable así lo exige. Al menos, esa es la dirección que se procura trazar.

La palabra indígena por sí sola no tiene ninguna connotación vilipendiosa ni mucho menos. En lo personal me parece poética e intensa: vegetación indígena, rocas ígneas indígenas, fauna indígena, santuarios indígenas, artesanía indígena, y así podría seguir con una extensa lista --incluyendo a la humanidad--. Vuelvo y repito: si se utilizara para cualquier sujeto de cualquier territorio sin excepción alguna, pero desafortunadamente ese no ha sido el caso.

Incluso hay algunas organizaciones no gubernamentales y hasta internacionales que incorporan este término con tanto ahínco, sin percatarse que crean en la mente de la audiencia una imagen remota, excluyente, separatista y hasta en muchas ocasiones de carácter precolombino. No creo tampoco que sea justificado utilizar el término aun cuando los habitantes de estas comunidades no tengan ninguna responsabilidad tributaria o legal en el país que se sitúan, o porque sean autónomos.

¿Hasta dónde puede un pueblo ser considerado un pueblo indígena? ¿Hasta qué abuelo de que abuelo y quién lo decidió así? En fin, lo que quiero decir es que los conquistadores y conquistados ya no tienen cabida en el siglo XXI. Un simple nombre y apellido bastan.

guith@hotmail.com

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus