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Hace algunos días leí en El Nuevo Diario un muy buen artículo sobre el aborto, elaborado por mi hermano Adolfo Miranda Sáenz, que es doctor en derecho y escritor.

En lo que a mí respecta soy pediatra y neonatólogo e inventor del trago nacional “El Macuá” y nunca he practicado un aborto ni recibido dinero por nada relacionado con ello.

En cuanto al artículo que tratamos, coincido en varios temas en general, pero no estoy de acuerdo en dos de ellos: a) Que las “organizaciones abortivas” engañan al pueblo por dinero que les viene de Europa para fomentar los “abortos terapéuticos” y no aumentar el número de niños del Tercer Mundo.

Creo que se trata de una acusación audaz y generalizada. Habrá alguna que otra organización que lo haga por dinero, la mayoría lo hace de buena fe, con apoyo científico y en defensa de los derechos humanos. b) No estoy de acuerdo con la aseveración: “es absolutamente falso que existan abortos terapéuticos”.

El ejemplo que expone el doctor Miranda Sáenz de una eclampsia es sólo un botón de muestra de la necesidad del aborto terapéutico para salvar la vida de la madre. La eclampsia severa o maligna, mata a la madre si no se extrae el feto a los cinco meses de embarazo o antes.

Lo que dice el articulista, que se puede proceder a un parto prematuro lo más tarde posible es sólo un eufemismo para no llamar al pan...pan y al vino...vino. Ningún feto de cinco meses ha sobrevivido, no hablamos de las eclampsias leves.

Finalmente recuerdo que el aborto terapéutico comprende, además, el aborto por violación comprobada y el aborto por malformaciones congénitas severas. El aborto terapéutico así entendido, está aprobado en el 95% de más de 200 países que hay en la tierra, bajo la supervisión de equipos científicos y la aceptación voluntaria de la mujer y cuando el feto mide menos o un poco más de 3 centímetros.

Lo anterior se hace antes de las 17 semanas de embarazo, cuando aún no se ha desarrollado el sistema nervioso lo suficiente para sentir ningún dolor. De modo que la película “El grito silencioso”, sí engaña al público.