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Fue Gandhi el que dijo: “Lo que le estamos haciendo a los bosques del mundo no es más que el reflejo de lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos y a los demás”. Esta sabia expresión, fue compartida cincuenta años antes de conocer el desafío del cambio climático, pero no podría ser más profética.

Y es que el 15% de las emisiones globales están relacionadas con la destrucción de los bosques, un porcentaje mayor en comparación con las emisiones vinculadas al transporte. La salud de los bosques está estrechamente ligada a nuestra capacidad futura para poder alimentar a una comunidad mundial de 9 mil millones de personas, en la actualidad 800 millones pasan hambre.

Necesitamos más alimentos, más bosques, mejores condiciones de vida para los pequeños agricultores y disminuir las emisiones. El tema de los bosques ocupa hoy el centro del debate, porque estamos tomando conciencia de la magnitud del desafío climático y la importancia de contar con un plan de acción, si queremos alcanzar la seguridad climática y alimentaria.

Hay esperanza. Los líderes de los países con áreas forestales, grupos indígenas, líderes empresariales, sociedad civil y funcionarios de la ONU se han reunido para encontrar la manera de llevar a cabo ese plan.

El financiamiento internacional, bajo el formato de REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques) de fondos multilaterales, se compromete cada vez con mayores cantidades, para obtener resultados tangibles en países como Indonesia, Perú, Brasil y Paraguay.

Desde 2005, la tasa de deforestación de Brasil cayó en un 70 por ciento por debajo del promedio histórico, y la producción de alimentos aumentó casi el doble. La combinación de políticas públicas y el compromiso del sector privado han mantenido fuera de la atmósfera 3,500 millones de toneladas de dióxido de carbono, convirtiendo a Brasil en líder mundial en la mitigación del cambio climático. México y El Salvador, están dando su aporte a través del pago por servicios ambientales y la restauración forestal, respectivamente.

Este liderazgo se produce al final de un año, en que se da un cambio de paradigma, en cuanto a compromisos institucionales para frenar la deforestación. El mercado está cambiando, gracias a la fuerte señal enviada por el Consumer Goods Forum (Foro de Bienes de Consumo) que pretende llevar a cero las deforestaciones en el 2020.

Un 96% del aceite de palma comercializado a nivel mundial está protegido por el compromiso de no deforestación, anunciado por Musim Mas, uno de los más grandes productores de aceite de palma en Indonesia.

En este país, el presidente Widodo también anunció medidas enérgicas contra la deforestación y la destrucción de suelos; mientras que Brasil, extendió la moratoria de soja hasta mayo de 2016.

En las negociaciones de la ONU, 13 países del mundo con áreas forestales, incluyendo Colombia, Perú y Liberia, se comprometieron a presentar planes para reducir las emisiones de los bosques.

La Declaración de Nueva York sobre los bosques, lanzada en septiembre en la Cumbre sobre el Clima, también muestra el camino a seguir para llegar a un acuerdo climático global, con funciones claras para los países con áreas forestales, las economías desarrolladas, la sociedad civil, los pueblos indígenas y el sector privado. El entusiasmo de los tomadores de decisión para tratar los bosques y la agricultura, como parte de un todo, está mostrando que el cambio está a nuestro alcance.

Cincuenta años después de la visión de Gandhi, nos enfrentamos a una elección acerca de nuestro futuro y el de los bosques. Sabemos qué opción elegir.

 

(*) Paul Polman es CEO de Unilever, miembro del Grupo Líder de Scaling Up Nutrition (SUN) Movement y presidente del World Business Council for Sustainable Development.