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Permiso mi querido maestro Silvio Mora. Antes de su presentación oficial que será como un regalo de Año Nuevo, permítame tender una alfombra roja como la sangre para dar la bienvenida a un lucero pintado de palabras que iluminará la historia de la lucha de nuestro magisterio nacional y ampliará nuestros estrechos nichos del conocimiento, me refiero a su libro “Letra con sangre” que todavía horna en las cálidas paredes de la imprenta entre el traqueteo, pero aceitado y preciso pulsar de cada letra.

Hace meses ya, lo escuché hablar animado y entusiasta sobre este proyecto que hoy, se puede decir, podemos esperar este bebé para vestir con pañales y cotonas de todos los colores y que a partir de su presentación, este libro comience a saltar de mano en mano, de boca en boca, refresque nuestra memoria e instruya a las nuevas generaciones de que la lucha por la reivindicación de los maestros ha sido escrita con sangre.

Y es que leyendo a Ernesto Sábato en su quehacer literario nos dice: “esas obras que tratan de seres humanos, vivientes y sufrientes, se hacen con sangre y no con tinta, con la palabra que alimenta, se vive, se sufre, se quiere, se enfurece y se muere”. Qué más puedo agregar como bienvenida a su obra escrita con el estilo de prosa que le ha caracterizado. Eso es Letra con sangre, vivo ejemplo de letras, e imágenes hemáticas que hablan por sí solas y que son el legado de nuestros maestros.

Sin hacer privilegios y sin omitir a propósito, solo mencionaré a dos maestros que con su lucha y en contextos y con ideologías diferentes, pintaron con su sangre la rica historia de la lucha por una patria mejor: Enmanuel Mongalo y Rubio y Ricardo Morales Avilés. Lucharon por una patria soberana y por una Nicaragua sin dictaduras; son los maestros esos apóstoles de la enseñanza que aún hoy, muchos con el estómago vacío, y en viviendas no dignas todavía porque no alcanzan el salario justo, siguen escribiendo con sangre la historia del país.

Cuantos héroes y mártires del magisterio han salpicado con su sudor y su sangre la geografía para que hayamos sido, y sigamos forjando en nuestros hijos, nietos y bisnietos los profesionales que honren la patria. Usted, un vivo ejemplo de la lucha, con la palabra a flor de labios condenando al régimen, con su pluma perennizando la historia y con sus hechos andando el camino, quemando códigos negros y rompiendo diplomas por llevar la firma del tirano.

Por desgracia, en muchas partes del mundo se ha escrito con sangre la historia del magisterio. Hoy las protestas flamean en muchas partes del globo, en el Estado de Guerrero, México, luchando no solo por salarios más justos sino por otras prestaciones sociales, igualmente justas. Cuarenta y tres estudiantes normalistas asesinados bajo las sombras tenebrosas de la corrupción claman justicia.

Ahora con su libro suma uno más de sus aportes, no me toca a mí hablar de la obra, lo anuncio con entusiasmo y a la espera porque no tiene el afán de lucro, y sé que va a regalarlo a los maestros, ese será para mí y para ellos el mejor regalo de Año Nuevo: “Letra con sangre”. Gracias amigo.