Jorge Eduardo Arellano
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Al poder también lo concibe Michel Foucault como una red dinámica en la que interactúan, estableciendo siempre una correlación de fuerzas, individuos, organizaciones e instituciones. Esta correlación de fuerzas es dialéctica y a través de la red --con vivo dinamismo-- se alimenta o se debilita el poder en cada nodo de la red. Estos hechos ocurren a diario en la sociedad humana. No son muy perceptibles, salvo cuando se aparecen en las coyunturas como eventos y acontecimientos de una situación de crisis.

En la última crisis política nacional inaugurada el 9 de noviembre de 2008, domingo negro en que se cometió el fraude y que desencadenó una serie de acontecimientos violentos, denigrantes, torturantes y sangrientos, el pináculo del poder del FSLN no puede ni debe ignorar, en primer lugar, la reducción real de su porcentaje de votantes.

Ustedes y yo, amables lectores, podemos dormir tranquilos si el FSLN tiene un 38% o menos de votantes (como en las pasadas elecciones nacionales presidenciales perfectamente OBSERVADAS). El porcentaje de votos oficialmente obtenido, según el desastroso CSE, de ninguna manera puede ser el espejo de la madrastra de Blanca Nieves, donde el poder narcisista se asome para decirse y auto congraciarse: espejito, espejito… ¿quién ganó las elecciones? –Vooooooosssssss.

Pero no creo que el pináculo del poder de este partido, por mucho brebaje, ozono terapia y manzanas soporíferas, duerma tranquilo conociendo el verdadero porcentaje de votos que obtuvieron sus candidatos a alcaldes y concejales en las últimas elecciones perfectamente NO OBSERVADAS en un país de cultura política FRAUDULENTA. La raíz de esta crisis está en haber tomado la decisión de suprimir la observación nacional e internacional en un país históricamente fraudulento en lo electoral. Es como si a los ciudadanos de El Crucero se les ocurriera una noche de estas dormir con las puertas abiertas después de haber leído el cuento de Gabo. En este pueblo no hay ladrones.

La anterior es una variante de la pérdida de poder real por el FSLN que no habíamos anotado en el artículo anterior. Otra pérdida de poder más trágica aun resulta del sometimiento de la voluntad de sus jóvenes militantes, simpatizantes, trabajadores y empleados para ejercer actos de violencia en contra de
personas, en su mayoría no violentas y pacíficas.

Éste es un caldo de cultivo de malestares y traumas que ya ha empezado a aflorar en jóvenes que se han quejado con sus amigos por haber llegado a la violencia homicida a través de un supuesto camino de amor y reconciliación. Una pérdida por el momento imperceptible a la miopía congénita del poder real que como todo poder autodestructivo por desmesurado, se caracteriza por su sordera y alergia a las críticas o señalamientos de meras diferencias, y por su embelesamiento con las serviladas y demás sevicias practicadas por sus corifeo/as (coro de feos y feas que con bífidas lenguas adulan y envenenan).

Y en el plano estrictamente judaico, como decía mi abuelito Karl Marx, las pérdidas económicas para el FSLN son cuantiosas por los onerosos y ofensivos gastos de una campaña fantástica (según ya analizó el tovarich Onofre Guevara); los altísimos costos de movilización de la pípol que defendió durante varios días a sangre y fuego el fraude (un economista debe realizar estos cálculos y compartirlos con la ciudadanía). Las pérdidas en que incurrieron los productores, comerciantes, financieros, banqueros sandinistas, por la situación de inseguridad y caos instaurada a güevo por voluntad de esta misma organización.

Fíjense bien que Papa Chávez, Mamá Rusia, el brother Khadafi, mucho menos Ahmanidejad, preocupados por la crisis mundial, no andan de manirrotos regalando plata que sirvan para reponer estas pérdidas. Y claro que a mí personalmente me importan estos estipendiosos gastos, porque si no son los sufridos pueblos de estos “líderes revolucionarios” los paganos, pues obviamente de nuestro magro costillar saldrán los billetes en formas de coyundas para flagelarnos más.

Una última pérdida para el ápice del poder en el gobierno y en el FSLN es la credibilidad, la legalidad y la legitimidad de sus acciones. Todo será distinto para todos después del fraude, severa e irreversiblemente cuestionado por la ciudadanía pacífica nicaragüense y por la opinión pública mundial. Entonces, mañana no pregunten: ¿por quién doblan las campanas?