•  |
  •  |

Pandemia se define como una afección que se presenta en varios países, simultáneamente, en términos negativos. Enfermedades. Ebola, Cólera, Sida, Violencia.

Boko Harán en África. EI o ISI en Francia, más recientemente. Pandemias sociales. Resultados de un injusto orden social, de inequidad en la distribución de las riquezas, de atropellos permanentes de grupos pequeños sobre inmensas mayorías. Secuelas previsibles de necesidades no sentidas o que no se quieren sentir.

Tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe, premisa de la sabiduría popular. La falta de límites de la tolerancia y los derechos han provocado que unos reaccionen contra otros. Los agredidos contra los que ofenden y agreden, terminando ambos rompiendo el equilibrio de la coexistencia pacífica. Ambos convertidos en agresores.

El ser humano avanza aceleradamente en su intento de dominar el conocimiento y conseguir con ello la supremacía en todo y sobre todos. Desafortunadamente, el fin o propósito de alcanzar dicho objetivo no es precisamente la satisfacción plena de las necesidades del individuo o comunidad/sociedad.

La evidencia ha venido demostrando por los siglos de los siglos que los intereses mezquinos y egoístas son los que orientan las mentes de quienes poseen el poder (económico, militar, religioso, etc.). Enriquecer a personas o grupos élites, privilegiados, más que a comunidades, poblaciones, etnias o países enteros.

La utopía de una sociedad de justicia social no es parte de los enunciados o definiciones en sus diccionarios. El respeto a lo diferente no es parte de sus concepciones. Lo reciente en Francia es una muestra de ello. La intolerancia contra quienes no piensan igual, y el atropello de sus derechos provoca inevitablemente el cumplimiento de la ley de la física (y la sociología, cuando hablamos de especies con conciencia) que a toda acción corresponde una reacción. No es justificación tampoco devolver daño por el daño recibido.

¿Por qué ofender y humillar a quienes profesan una religión distinta? ¿Por qué asesinar a quien disiente de ciertas ideas? ¿Por qué hacer burla y menosprecio a quienes deciden por una espiritualidad y creencia diferente?

Siendo la única especie viviente con pensamiento (al menos eso creemos, mientras no se demuestre lo contrario) que razona para decidir qué hacer y qué no hacer, deberíamos coexistir pacíficamente, cada quien con su forma de ser, de sentir, de pensar y de actuar, siempre que no se provoque daño, definiendo límites en los niveles de tolerancia y en el uso de los derechos que tenemos, considerando que los derechos de cada quien terminan donde empiezan los de otro individuo, y que cada derecho trae consigo un deber que cumplir. Sería sano pensar también que la tolerancia y los derechos también tienen límites y que solamente respetando las reglas y normas socialmente aceptadas podremos convivir pacíficamente y disfrutar de los beneficios del dominio de la ciencia, la tecnología y el conocimiento en general.

La paz no es solamente la ausencia de la guerra, sino el respeto de dichos límites por cada individuo. No contribuye a la paz del mundo la creación de pretextos para generar conflictos. La guerra de las coreas en 1953. La invasión a Bahía de Cochinos en Cuba en 1961. La implantación de regímenes militares en Latinoamérica en la década de los 60 – 70 ante el peligro del fantasma del comunismo. La destrucción de culturas milenarias y apropiación de las riquezas en países del Oriente Medio bajo pretexto de uso de armas de exterminio masivo. El común denominador para justificar el daño ha sido siempre algún pretexto.

Urge desarrollar planes y programas de salud mental enfocados y dirigidos fundamentalmente a personas y grupos que tienen el poder de decidir sobre grandes mayorías, que tienen a su disposición recursos materiales, financieros, legales y hasta de manejo de medios de información que son utilizados para guerras mediáticas.

La Organización Mundial de la Salud, OMS, debe dirigir una Pandemia de Salud Mental que tenga cobertura en cada uno de los 193 estados miembros de la ONU, que permita sanear las ideas y que erradique de una vez, la presentación de conflictos bélicos, biológicos, religiosos, étnicos y de cualquier tipo.

De seguir igual, el mundo actual, la extinción de la especie ya no será tema de ciencia ficción para películas de Hollywood. Será tan real como el inminente daño del cambio climático. Hagamos algo ya. Mañana es tarde.