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Cuántas veces los cristianos asistimos a los oficios religiosos de nuestras iglesias, no importa cual sea la denominación, llevando una carga de odio y resentimiento, rencor y cólera. Frecuentemente los católicos vamos a misas, procesiones, bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, novenarios, sin que en nuestra vida diaria se sienta la presencia del amor, la armonía, la reconciliación, la solidaridad que solo en Jesucristo se puede encontrar.

Por eso, me dio mucha alegría, cuando se conoció la mediación del papa Francisco, en el inicio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de América. De inmediato quise escribir algo, pero mi actual estado de salud no me lo permitió. Vale más. Así he tenido la oportunidad de conocer las diferentes reacciones ante un anuncio que provocó grandes satisfacciones a nivel mundial.

En Cuba, la población se desbordó de alegría por las calles, como si se tratara de los tradicionales carnavales, solo faltaron las comparsas de Regla y del Alacrán. Fue triste, en Norteamérica, observar los rostros cargados de odio de personas originarias de Cuba, especialmente en Miami, en la llamada Pequeña Habana. Gritos y pancartas se encargaron de contradecir los rezos y ruegos a la Virgen de la Caridad del Cobre o San Lázaro. Algunos representantes y senadores han anunciado un boicot contra los acuerdos.

Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro Ruz, concretaron una aspiración sentida por muchos cubanos que por diferentes razones tuvieron que salir de Cuba o quedarse a partir de 1959. En agosto de 1978, tuve la oportunidad de conocer en Cuba a un grupo de jóvenes que fueron sacados de la isla, cuando eran niños, en la llamada Operación Peter Pan, montada por la CIA. Entre 1960 y 1962 viajaron con visa waiver (volante), más de 15 mil niños, en una acción más política que humanitaria.

Estos jóvenes, en circunstancias adversas y peligrosas, organizaron en Puerto Rico y Estados Unidos de América, movimientos para establecer relaciones con su país de origen. Fundaron la Brigada “Antonio Maceo”, editaron la revista Areíto y publicaron el libro “Contra viento y marea”, el que conservo con admiración y cariño. El fundador de la Brigada, Carlos Muñiz Varela, organizó Viajes Varadero que promovía excursiones a Cuba. Fue asesinado el 28 de abril de 1979 por terroristas cubano-norteamericanos.

Cuánto se ha logrado en este proceso de reconciliación. Hasta los términos han cambiado. Es hermoso saber la cantidad de cubanos que visitan a sus familiares y amigos en Cuba, y los que viajan especialmente a Estados Unidos, España o Puerto Rico. La felicidad del encuentro está por encima del odio y el rencor, la ideología y la política. Qué satisfacción me dio al visitar el Santuario de San Lázaro, en El Rincón, saber cuántas personas residentes en el exterior andaban en una de las romerías más populares de Cuba.

He visto paseando por La Habana Vieja, grupos de personas que salieron hace muchos años de Cuba y que han podido regresar ahora. Qué maravilla observar esas miradas húmedas por la emoción. Andar al rescate del recuerdo por Prado y Neptuno, brindar en El Floridita o la Bodeguita del Medio, escuchar una canción de Benny Moré.

La reconciliación, en este caso, la normalización entre ambos países, me recuerda el texto bíblico, en San Juan 13.34. “Les doy este mandamiento nuevo : Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros. Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta que son mis discípulos”.