Jorge Eduardo Arellano
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La actual crisis del capitalismo coincide con el avance del proceso de consolidación de un nuevo modelo de cooperación y solidaridad entre los pueblos latinoamericanos, conocida como Alternativa Bolivariana para las Américas. Ambos sucesos son intrínsecos al proceso de un desarrollo contradictorio impulsado por sus propias leyes.

El capitalismo no va a morir de esta crisis, sólo dará lugar a ligeros cambios, y al salir de ella, le será más complicado continuar ejerciendo como el determinante y único factor del desarrollo histórico de ésta y otras zonas del mundo. En cambio, el ALBA avanza, con su propia dinámica, hacia un nivel superior de desarrollo. Desde luego, ninguno de los procesos transcurrirá sin problemas.

Uno de los problemas del ALBA es que asienta su fuerza sobre pilares más débiles que fuertes: Dominica, Nicaragua y Honduras están entre los primeros; Cuba y Venezuela entre los segundos. Sin embargo, el ALBA es ya un escudo protector frente a las consecuencias que emanan de la histórica hegemonía imperial estadounidense y los países europeos.

La presencia del presidente Rafael Correa, de Ecuador, en la última reunión del ALBA (una de cuyas medidas fue tomada por iniciativa suya), anuncia su virtual incorporación. Y con ello, estimulará --si no la integración total-- al menos los niveles de cooperación entre los otros países con gobiernos de izquierda en el sur del continente.

Junto a la desigualdad del desarrollo de sus integrantes, existe una capacidad desigual en la aportación a la fortaleza económica del ALBA. Y eso no es todo. También está la desigualdad del desarrollo político de los partidos gobernantes en los países miembros. Es verdad que son las diferencias de desarrollo lo que estimula y justifica su unidad y la colaboración, pero no lo es totalmente, porque no todos estos gobiernos tienen el respaldo de partidos políticos estabilizados como factores de poder.

Sólo Cuba representa no sólo estabilidad en su sistema político y social, sino también su partido, y su magnífico liderazgo cuenta con un Fidel paradigmático del revolucionario a toda prueba y en todos los terrenos. El Fidel que ha hecho escuela de revolucionarios con su capacidad de dirección del partido y del Estado. Tanto, que su ausencia física en los últimos años no ha debilitado su vínculo con el pueblo, ni como factor de unidad entre éste y la revolución, si no que --paradoja para envidia de unos y para estudio de otros-- ausente como está de la dirección práctica, ha fortalecido su orientación en la conciencia de la mayoría de los cubanos. Fidel es un referente inagotable para estimular la participación del pueblo en la defensa del poder revolucionario.

Sólo eso (y hay mucho más) explica lo imbatible que se ha mostrado el pueblo cubano frente a las adversidades durante cincuenta años de agresiones imperialistas y hostilidades de la naturaleza. Ningún pueblo latinoamericano, y posiblemente del mundo, ha pasado triunfante todas las pruebas como lo ha hecho el cubano. Eso lo ha elevado a único baluarte del socialismo desde la segunda mitad del siglo XX a principios del presente siglo.

Cosa sin par en la historia: pese a las agresiones y calumnias --que una forma ideológica de agresión--, que logrado mantener a Cuba aún más aislada de lo que es por su geografía, no sólo no han podido doblegarla, sino que también se ha convertido en una potencia médica --con una Escuela Latinoamericana de Medicina gratuita para miles de estudiantes de África y del continente americano, incluidos estadounidenses pobres-- , y por supuesto, su aporte a la salud de en un número de países más allá de los miembros del ALBA. Aunque eso no es todo su aporte, es más que suficiente para destacar la importancia en la estructura del ALBA.

Venezuela, con el presidente Hugo Chávez, ha logrado mantener su hegemonía política con el apoyo popular, y ambos, él y el pueblo revolucionario, se han fortalecido al organizar el Partido Socialista Unido. Venezuela es el país líder de la fortaleza económica del ALBA. Pero el presidente Chávez y su recién creado partido, tienen frente así adversarios políticos que no sólo son estimulados desde el exterior por el imperio gringo, sino que han podido mantener su influencia sobre un amplio sector de la sociedad. Esto les permite amenazar aún la inestabilidad y pujar por cambios contrarrevolucionarios; pero dentro de la lucha planteada en todos los ámbitos, les
permite a los revolucionarios fortalecerse sin necesidad de recurrir a imposiciones violentas y violatorias de los derechos políticos.

La Bolivia de Evo Morales es el país vanguardia de la liberación indígena en Latinoamérica, y aún debe enfrentar enemigos internos y externos --clasistas y racistas a la vez-- que no le dejarán de agredir y odiar en la misma proporción que su revolución les está echando por tierra su histórico dominio político y poniéndole fin a su explotación secular de las riquezas naturales de Bolivia, ahora convertidas en su aporte a la alianza. Su pueblo y su presidente aportan también al ALBA montañas de prestigio.

Honduras, su presidente Manuel Zelaya, se ha incorporado al ALBA de forma valiente y audaz, retando a las fuerzas conservadoras internas y a su aliado imperial. Pero su Partido Liberal no parece aún suficiente garantía para su estabilidad como fuerza gobernante.

¿Y Nicaragua? De entrada, no aporta al ALBA ningún recurso material ni político. El prestigio que aporta es el de su revolución de 1979. Ahora, es sólo discursos que no se distinguen por ser originales, trascendentes o ilustrativos.

Su presidente lleva al ALBA la sombra de cuestionamientos y dudas. ¿Qué información tienen los miembros del ALBA, de las acusaciones de orden legal que Ortega ha podido bloquear desde el poder? ¿Qué saben del enriquecimiento de él y su cúpula partidaria desde el poder? ¿Qué piensan de la incongruencia entre su lenguaje “revolucionario” y su actuación política? ¿Cuánto saben del manejo discrecional de los recursos aportados por la colaboración del ALBA (venezolana)? ¿Saben que la “formación ideológica” que da a sus partidarios es hacerles rezar en lugares públicos, disputándole a la jerarquía católica el uso de los símbolos religiosos? ¿Conocen de la ley reaccionaria que patrocinó contra el derecho al aborto terapéutico de las mujeres en situación de riesgo?
Estas preguntas son para oídos sordos, porque las razones de Estado son las determinantes en las relaciones internacionales, y los aspectos éticos mueren a manos de las excusas diplomáticas. El ALBA cargará, quien hasta cuándo, con la sombra del gobierno de Ortega. Sólo podrán alegar que las manchas de la Luna no le quitan lo romántico a su luz.

El discurso de Ortega en la última reunión del ALBA fue la imagen de un hombre buscando refugio, perseguido por sus propias mentiras. Aprovechó que en Venezuela sí hubo elecciones limpias, para llamar a su fraude electoral una “batalla” por el poder entre “la revolución y la contrarrevolución”. Se quejó de que, sin haber sido candidato, sus “enemigos” llamaron a votar en su contra, haciéndose el nuevo sobre la causa: juntos, todos los candidatos, se hicieron menos propaganda que él solo. Vive en promoción permanente del culto a su propia persona.