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Una de las tantas encuestas que suelen hacerse por estos mundos de Dios dice que Nicaragua ocupa el cuarto lugar entre los países más felices del planeta.

Según la encuesta, un 83% de nicaragüenses declaró estar contento con su vida. La noticia no recoge el cuestionario ni explica la metodología. Da solo resultados.

Felicidad viene del latín felicitas, y este de felix, fértil, fecundo. El diccionario de la Academia de la Lengua lo define como “ánimo que se complace con la posesión de un bien”. En general, se entiende como un estado emocional de satisfacción.

Como ocurre con otros conceptos, felicidad es vocablo multiforme. Es estudiado en antropología, psicología o religión, con resultados diversos, según la rama.

Llama la atención el resultado, no porque Nicaragua sea país pobre, sino porque es un país con altas tasas de emigración y un deseo aún más alto de gente que quiere emigrar.

No se emigra de sitios felices. La emigración, en sí misma, produce un atroz desgarro emocional. Hijos que dejan a sus padres, padres que dejan a sus hijos, familias rotas…

La riqueza no da la felicidad, pero menos la dan pobreza y desgarro familiar.

Se sabe de países muy ricos con tasas desoladoras de alcoholismo, suicidios, violencia doméstica. Los datos indican que, en la opulencia, pueden brotar demonios terribles.

Gusta poco reconocerse infeliz. Muchos grandes genios han sido espíritus atormentados. El conformismo puede confundirse con felicidad.

Esa inquietud queda. ¿Felices o… conformistas?

 

az.sinveniracuento@gmail.com