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Podría decirse que la islamofobia que recorre Occidente, beneficia primero a la derecha israelita que se resiste a reconocer a Palestina; en segundo lugar a los extremistas de Europa y Estados Unidos; y en tercer lugar a quienes son adictos de la guerra de civilizaciones.

Para todos está claro que el primer ministro israelí, Benjamín Nethayanu, no tiene intención alguna de permitir un Estado palestino, ya que sigue autorizando el aumento de asentamientos en tal territorio.

Las fuerzas belicistas en Estados Unidos e Israel buscan guerra, para así justificar el poder de la ultraderecha militarista; comparten enemigos para recibir ayudas de toda índole. Sin esos “enemigos” exhibidos como amenaza para el planeta entero, la ultraderecha que gobierna Tel Aviv perdería su razón de ser.

Desde el asesinato de Yitzhak Rabin, en 1995, por un extremista de derecha, Israel solo se orientó hacia tal tendencia. Líderes y grupos de derecha fueron seguidos por otros líderes y grupos siempre en tal rumbo, en una interminable sucesión de sectarismo y de discriminación racista contra los palestinos, alejándose de cualquier solución política negociada para la cuestión palestina.

Paralelamente, la sociedad israelí se tornó cada vez más conservadora, contraponiéndose a cualquier negociación que permitiese a Palestina tener su Estado, a como Israel tiene el suyo.

Igualmente el territorio palestino fue ocupado militarmente por las tropas israelíes, mutilado por los muros y asentamientos, con los que Israel intenta tornar inviable e insoportable vivir en Palestina.

Las crueles y criminales ofensivas en contra de Gaza se han tornado usuales por parte del ejército y la aviación israelíes. Por razones internas, Estados Unidos está obligado a apoyar a Israel pase lo que pase, aunque irónicamente condene nuevos asentamientos, la escalada de la violencia y la desproporcionada respuesta militar.

Con el devenir del tiempo, las aplastantes votaciones en las Asambleas Generales de Naciones Unidas favorables al Estado Palestino, el reconocimiento de ese Estado por un número cada vez mayor de países, incluido ahora el Parlamento Europeo, y el malestar que generaron las reiteradas ofensivas de Israel sobre Jerusalén, Cisjordania y Gaza en los mismos Estados Unidos, fueron acentuando el proceso de aislamiento internacional de Israel.

A la par de tal reconocimiento, Palestina fue ocupando cada vez más instancias que la validan como Estado, desde la Unesco hasta el Tribunal Penal Internacional. Un número creciente de gobiernos europeos han decidido adoptar medidas concretas para el establecimiento de un Estado Palestino.

Aún falta un eslabón para que se reabra un camino definitivo de negociaciones políticas que lleven al cumplimiento de la decisión de la ONU sobre el derecho a la existencia del Estado Palestino: que reaparezca un interlocutor interno en Israel, algo que actualmente parece difícil.

La radicalización sectaria del gobierno de Benjamín Netanyahu propone que Israel se asuma definitivamente como Estado religioso, relegando a los palestinos que ahí viven a ciudadanos de segunda categoría, lo que llevó a la ruptura de su coalición de gobierno y a la convocatoria de nuevas elecciones generales en marzo de este año.

La historia ha demostrado que todos los extremismos son malos; los europeos se mataron entre sí dos siglos por motivos dizques religiosos. Sin embargo, el panorama electoral trajo una novedad. Después de salir del gobierno, la líder del partido Hatnah se asoció al Partido Laborista, dirigido por Isaac Herzog, y esta alianza conquistó un sorprendente nivel de apoyo inicial entre el electorado. Tal novedad la encarna el partido HaTnuah (en hebreo: “El movimiento”), formado por disidentes del Kadima y liderado por Tzipi Livni.

Todo esto representa la posibilidad de un vuelco decisorio en la cuestión palestina, de que un verdadero proceso de paz pueda hacer realidad el Estado Palestino. Una victoria de una coalición de centroizquierda en Israel sería el eslabón que todavía falta; lo que habría llevado a una mesa de negociaciones a Israel y los palestinos.