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A finales del año pasado el creador de Facebook lanzó como reto a la comunidad planetaria su particular propósito de año nuevo: leer 2 libros trascendentes por mes;“El año en libros”, para profundizar sobre temas contemporáneos que la misma cultura de redes sociales y la marcada superficialidad con que en ella se abordan temáticas relevantes, hacen necesario recurrir al conocimiento suficientemente profundo para el análisis de las grandes tendencias de que estamos siendo testigos; toda una oportuna resolución para curarse de una viral trivialidad que caracteriza a nuestras hiperinformadas sociedades.

“Usted es un océano de conocimientos, pero de solo una pulgada de profundidad”, fue la frase que le escuché un día a uno de mis inolvidables profesores universitarios, al debatir él airadamente con un colega, en donde le conminaba a que le llamara cuando hubiese profundizado más sobre el conocimiento del tema en polémica, y de lo cual no quedó ninguna duda, que a pesar de lo irritante de la frase, su oportunidad y exactitud eran inobjetables, lo cual justificó que el académico se levantara y no volviera más.

El primer libro que escogió Zuckerberg para su cruzada contra la superficialidad ha sido el extraordinario libro “El Fin del Poder”, de Moisés Naím, venezolano universal, con un bagaje extraordinario y su experiencia como catedrático de las mejores universidades norteamericanas, escritor y articulista de fama mundial, considerado por la revista británica Prospect, como uno de los 10 pensadores contemporáneos más influyentes del planeta.

Su libro, absorbente como pocos que recuerde, discurre en forma extremamente precisa, con números y análisis penetrantes sobre cómo el poder y su ejercicio vienen mutando desde la antigua forma convencional omnímoda con que solía ejercerse, hasta la dispersión e ineficacia que hacen que hoy –desde las potencias tradicionales hasta los feudos menos notorios– no lo puedan imponer caprichosamente, ya que se ha experimentado un surgimiento de nuevos agentes que coartan esa autonomía de ejercicio a la que antes cualquier potencia podía recurrir, y remarca que los frenos a su aplicación están atornillados al poder mismo de las nuevas comunicaciones y tecnologías con su colosal influencia en moldear opiniones, ideas y concretar acciones que provocan cambios y resultados que frecuentemente son muy difíciles de predecir.

También señala ejemplos precisos de cómo el ascenso al poder se genera a partir ya no de la prostituida promesa de una buena gestión pública, sino de la capacidad mediática neta, narrando anecdóticamente el caso de Tiririca, un payaso y humorista brasileño que llegó a diputado siendo más votado que cualquier contendiente de los partidos tradicionales, legitimándose –según la lógica y contundente interpretación del electorado– mucho más que sus burdos imitadores, competidores amateurs abundantes en cualquier congreso nacional.

 

@carflom