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Desde 1982 hasta 1985, tres secretarios generales del PCUS fallecieron consecutivamente. Una señal de una dirigencia envejecida, más no del sistema socialista con menos de un siglo de existencia. En 1985, Mijail Gorbachev sorprendió a aliados y adversarios al convertirse en el nuevo líder soviético con 54 años de edad.

Mucha esperanza surgió en él. Se escuchaba, que Yuri Andropov lo había preparado desde tiempos cuando era jefe del KGB. Andropov había diseñado todo un plan para rehabilitar a la URSS y al socialismo pasando inevitablemente por lo que Mijail Liubimov, describe como el martirio del Gólgota del capitalismo, pero bajo el control de los órganos de seguridad.

Mucho más expectativas crearon la Perestroika y la Glasnost. Describen en sus memorias los jefes de la inteligencia soviética, Leonid Shebarshin y Yuri Drozdov, que a medida que avanzaban estos procesos acompañados de una supuesta “aceleración económica”, los gritos de alerta vía radio-mensajes provenientes de las redes de oficiales de inteligencia ilegal, infiltrados por décadas dentro de los países más desarrollados del capitalismo y más feroces enemigos de la URSS, llegaban con bastante regularidad al cuartel general en Moscú.

Estos iban acompañados de interrogantes que no ocultaban la ira y el espanto de lo que se veía desde afuera. ¿Acaso son ciegos y no ven hacia el abismo que se dirigen? ¿No entienden acaso el peligro y las consecuencias de lo que hacen? ¿Por qué no toman en serio las intenciones ocultas de nuestros adversarios de siempre?

Los aliados leales al ideal socialista como Erick Honneiker de la RDA y Fidel Castro, expresaban su descontento y critica por el rumbo tomado por el liderazgo soviético. “Andan agarraditos de la mano como buenos amigos”, dijo una vez Fidel, a la luz de las nuevas relaciones entre la URSS y los EE.UU. y en las figuras de Gorbachev y Reagan.

Honneiker y Fidel eran los rebeldes del campo. Optaron medidas a lo interno para no sucumbir. “Dirigentes ortodoxos que no querían democratizarse”, les llamaba Gorbachev y su banda democrática. El final fue apocalíptico para todos. Abrieron tanto el sistema ignorando la alerta del Che, que decía, que “al capitalismo, ni un tantito se le debía de abrir la menor rendija, porque por ahí se colaría todo lo peor de él”.

Gorbachev no le cumplió a Andropov, ni el PCUS y el KGB pudieron salvar al Estado socialista, sus glorias, victorias y toda su histórica resistencia. La URSS y todo el sistema socialista se derrumbó. Con el “florecimiento de negocios cooperativas” muchos más atractivos que las tiendas del Estado, la Perestroika se veía prometedora. MacDonald´s, Coca Cola Y Playboy, el consumismo, el enriquecimiento ilícito, la corrupción de los líderes políticos ante las nuevas circunstancias, quienes cambiaron el sombrero de comunistas por el de empresarios son apenas cuadros de lo que se convertiría la nueva Rusia y los nuevos rusos.

Alexander Shebiakin ha publicado tres obras en las que detalla el camino al Gólgota de la URSS, visto desde varios ángulos. Desde luego que el factor externo es claro así como sus intenciones. Pero mucho más complejo y doloroso es revisar el cuadro de los factores internos, difíciles de controlar y que dinamitaron el proyecto socialista global cinco años después de iniciarse la Perestroika.

Cuba es la joya de la corona y la llama en el continente. La preocupación regional es tangible en los medios de comunicación alternativa. Milimétricamente el gobierno cubano avanza cuidadosamente en apenas el inicio de conversaciones con los norteamericanos, quienes operan a otro ritmo e intensidad. Ambos tienen intereses diferentes. ¿Podrán satisfacerse mutuamente? Las experiencias de apertura de la URSS es lo primero que salta sin querer revivirlas. Pregunto. ¿Tenían razón los temores de los oficiales de la inteligencia ilegal soviética?