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Al margen de los resultados de las pláticas de la última semana en La Habana, entre altos funcionarios de los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, en esta isla se suscitan cambios entre los habitantes que parecen irrevocables, sobre todo en el ámbito económico donde se observa un acelerado interés de los cubanos por hacer negocios, aunque sean mínimos.

Se podría decir que se está desatando el entusiasmo por las iniciativas privadas, tras medio siglo de economía estatizada. Es cierto que el gobierno de Raúl Castro ya venía flexibilizando el comercio interno, permitiendo la apertura de restaurantes populares (Paladares, como les llaman los cubanos), la venta de productos agrícolas en ferias y el ejercicio libre de oficios como la reparación de zapatos o la peluquería, pero desde que las administraciones de Castro y Obama anunciaron su reconciliación, el 17 de diciembre pasado, los pequeños negocios se propagan en los barrios de las ciudades de la isla, según reportan corresponsales extranjeros.

Poco se sabe de los resultados de la primera ronda de negociaciones Estados Unidos-Cuba, concluida el viernes, porque ambas delegaciones han sido comedidas en sus declaraciones públicas, pero de hecho, el inicio de ese diálogo ha dejado la percepción de que es improbable el retorno a la confrontación entre ambas naciones o al endurecimiento del gobierno cubano a lo interno.

La reunión entre la jefa de la delegación estadounidense Roberta Jacobson y representantes de la disidencia cubana, en La Habana, era algo inimaginable hasta hace unos meses, y es, sin duda, un resultado tácito de las pláticas. Aunque la delegada cubana, Josefina Vidal, manifestó su desacuerdo con esa reunión, el gobierno de la isla permitió que se realizara.

Independiente de los desacuerdos entre Estados Unidos y Cuba, sobre conceptos políticos o de derechos humanos por ejemplo, que irán limando con el tiempo, los ciudadanos cubanos buscan con prontitud restablecer las economías de sus hogares, trabajando al margen del Estado para obtener ingresos mejores, con la ventaja de poder traer de Estados Unidos, su vecino más cercano, los insumos necesarios, sea cual sea el negocio que se inventen; y, por supuesto, en la medida que el embargo estadounidense vaya desapareciendo.

Los vientos que hoy soplan en Cuba van a reducir poco a poco el control estatal sobre la economía. ¿Cuánto influirá eso para que se produzcan otros cambios, en los ámbitos políticos y sociales? El tiempo lo dirá.