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En un acto muy propio de las sólidas democracias occidentales, el presidente Barack Obama compareció ante el Congreso de los Estados Unidos, para presentar sus logros, anhelos y propuestas políticas.

Su retórica es anglosajona. Toda la ingeniería de sus palabras se erige con breves sentencias o apotegmas. Todo muy al estilo de la filosofía. Los latinoamericanos construimos sobre lo poético, lo adjetivado, lo grandilocuente.

Pregunto: ¿Qué es lo más destacado de este rito democrático en el legislativo estadounidense?

Veamos algunos puntos.

El Presidente, a mitad de su segundo mandato —al igual que sus antecesores— aprovechó para enrostrarle a sus oponentes, entre otras cosas, que la economía norteamericana creció; que bajó el desempleo; que hay más programas sociales en tubería que podrían ayudar a que las familias de clase media se sustenten con el apoyo de leyes benefactoras. Y, desde luego, resaltó el liderazgo global que Washington está ejerciendo en los casos de ISIS, Iraq, Siria, Rusia y Cuba.

Sin dudas, su visión es más la de un constructor-de-alianzas que persuade a socios fuertes y regionales, a buscar soluciones que descartan el uso de tropas en los escenarios riesgosos (No bootsontheground) como ellos le llaman a esa política, en inglés.

Y gracias a la tecnología, los drones y cohetes aire-tierra, y mar-tierra del ejército norteamericano, hacen tareas contundentes, y menos riesgosas.

El punto es que se presentó un Presidente Demócrata ante un Senado dominado por Republicanos: más de derecha, más centrados en la economía, los bajos impuestos, la protección sobremanera de lo todo lo estadounidense, y deseosos de prevalecer afuera con un liderazgo de fuerza.

Así, el Presidente llegó con un objetivo: persuadir a los republicanos para buscar consenso y una agenda común (¡con lentes azul y rojo!) en un ambiente hostil, donde él tiene menos qué ofrecer, y mucho qué perder, si quiere salir dignamente juzgado.

Su visión es más tolerante, de respeto a la diversidad, de apoyo a las clases media y baja; y su percepción de que los problemas del mundo, Washington los puede liderar recurriendo a alianzas, organismos internacionales multilaterales, o al derecho internacional, más que con intervenciones armadas.

Su enfoque no podía ser de otra manera, al llegar a la casa de los que gobiernan con él. Y aunque amenazó con vetar algunas leyes, su tono fue más bien de buscar consensos con los adversarios para solucionar los problemas pendientes.

Bien se podría argumentar que no tenía alternativas. Pero aun así, supo llegar dignamente a la casa de mayoría republicana y ser escuchado. Sus palabras y propuestas fueron sensatas y respetables.

En una democracia cuenta el consentimiento del gobernado. No puede haber imposiciones ni fuerza bruta, porque eso pertenece a la barbarie. Y la democracia es una herramienta selectiva para enfrentar el despotismo, la tiranía, la incivilidad. La democracia respeta a todos, aunque haya minorías o diversidades. La democracia seduce en virtud del desacuerdo.

Hubo dos frases elocuentes del discurso presidencial: “la sombra de la crisis ya pasó”; y, “el veredicto es claro”. Ambas eran, tal vez, las únicas dos cartas certeras que Obama llevaba bajo la manga. Y las sacó para decirles a sus segudirores y a sus displicentes adversarios que su administración había corregido los grandes desaciertos económicos que su antecesor dejó.

En mi opinión, el envío de tropas al África para enfrentar al Ébola, es un “As” invaluable, que creo, pocos apreciaron. ¿Acaso importan poco las acciones humanitarias globales… y menos cuando son en África?

A los ciudadanos comunes les interesa, prioritariamente, la economía: 1) que haya muchos empleos; 2) baja inflación, 3) pagar menos impuestos; 4) recibir mayores beneficios en salud, educación y créditos y; 5) saber que el Estado garantizará protección y alivio en situaciones adversas.

No es fácil disertar en el campo adversario. Ya en viejas prácticas romanas, el veneno, la trampa o la conspiración podían estar al acecho ante cualquier desliz o desavenencia.

Lo bueno es que en el curso de la civilización y sus métodos racionales —la lógica, el diálogo, la democracia, el derecho, el mercado— hoy se frenan las pasiones para propiciar paz, estabilidad, justicia y orden.

Algunos congresistas pudieron sentir ira escondida, furia reprimida o prejuicios cautivos. Lo importante es que la práctica del discurso del Estado de la Unión (sin hacer ambages ni prejuicios), nos sigue enseñando que la democracia, con su certero mecanismo de distribución del poder, es un instrumento civilizador, ejemplar y justo.

Así, Barack Obama llegó, dijo y persuadió.