Jorge Eduardo Arellano
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Los recientes acontecimientos violentos que han ensombrecido lo que en principio debía ser una fiesta cívica, trajeron como consecuencia agresiones y lesiones a miembros de las fuerzas políticas mayoritarias, a personas ajenas al conflicto e incluso a hombres y mujeres de prensa que cubrían los sucesos. En el caso del señor Boschi, aunque los hechos ocurrieron meses antes de las elecciones municipales, lo cierto es que también se sucedieron en un ambiente electoral. Así pues, como producto de las lesiones sufridas por un periodista, el señor Boschi ha sido condenado --según la lectura de la resolución-- por el delito de lesiones y la tenencia ilegal de armas.

Con relación al primero, el juez “declara culpable al acusado del delito de lesiones en su condición de inductor”. Al margen de las cuestiones probatorias de que adolece el juicio, en esta ocasión sólo quiero referirme a la calificación del acusado como inductor y, en consecuencia, a su condena por el delito de lesiones. En otros artículos publicados en este diario hemos tenido oportunidad de hacer referencia a que las formas de participación en el delito, esto es, la inducción, la cooperación necesaria y la complicidad, responden en todo caso al principio de accesoriedad, es decir, que su responsabilidad penal está supeditada a la existencia de un autor principal que es quien ejecuta el hecho. El inductor sólo hace nacer en otro la idea de cometer el delito.

El hecho de que --a efectos punitivos-- el inductor y el cooperador tengan el mismo marco penal que el establecido para los autores principales, no debe llevarnos al equívoco de pensar que el inductor es al mismo tiempo autor; todo lo contrario, la inducción no deja de ser una forma de participación que depende de la concurrencia de un autor principal. Para aquellos que consideran que el principio de accesoriedad al que hacemos referencia no es más que una mera consideración académica o doctrinal, debo decirles que se equivocan: es derecho positivo de obligatoria observancia, puesto que el recién aprobado CP/2008 lo consagra entre las disposiciones reguladoras de las formas de participación en el delito (art. 41 CP), donde se establece que “la responsabilidad del partícipe será en todo caso accesoria respecto del hecho ejecutado por el autor”.

Sumado a esto, la inducción como forma de participación exige una incidencia psíquica “directa” del inductor sobre la persona que finalmente ejecuta el hecho: el autor. Así mismo, como dato a tener en cuenta, el inductor no responde por los excesos cometidos por el inducido, de forma tal que si A induce a B a ejecutar un robo, A no deberá responder por la muerte que B ocasiona a la víctima del mismo.

La principal repercusión práctica del principio de accesoriedad es que, en casos como el que nos ocupa, no es posible condenar a un partícipe (inductor) sin la existencia de un autor principal y responsable directo de las lesiones. Es decir, que para condenar al Sr. Boschi como inductor del delito de lesiones, es necesario primero identificar a la persona que las produjo (al autor de las lesiones) y demostrar luego que Boschi lo convenció directamente para que las ejecutara. Si esto no se logra demostrar, la inducción no existe y la condena carece de fundamento.

Sólo un correcto entendimiento de las formas de participación en el delito pueden llevarnos a soluciones jurídicamente coherentes, alejadas --por tanto-- de apasionamientos políticos. De la tenencia ilegal de armas de fuego hablaremos cuando aparezca el arma “ilegalmente tenida”.

*Doctorando en derecho penal, Universidad de Alcalá.

Profesor de derecho penal (UCA).