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Los alemanes deberían tener especial sensibilidad con Europa, perennemente generosa con Alemania. Exceptuando el Tratado de Versalles que finiquitó la I Guerra Mundial, el Estado alemán ha quebrado cuatro veces en los últimos tres siglos. El final de la II Guerra Mundial, fue muy complejo, lo cual llevó en 1953, a la celebración de una conferencia de acreedores de Alemania, cuya deuda era impagable. Fruto de esa conferencia le fue condonado el 63%.

Alemania fue el principal receptor del llamado Plan Marshall. Con la caída del Muro de Berlín, toda Europa le respondió generosamente apoyando su reunificación como país.

En plena II Guerra Mundial, sus tropas se llevaron del Banco de Grecia el equivalente a tres mil millones de dólares, los que nunca fueron restituidos. Otros países, que también sufrieron la ocupación alemana, fueron compensados por los destrozos originados por sus tropas. Sin embargo, Grecia nunca ha sido indemnizada.

Reconocidos y prestigiosos economistas, estiman que, entre el dinero que fue robado del Banco Central griego y las compensaciones que debería pagar, aunado a los intereses generados, la cifra adeudada por Alemania superaría ampliamente los 400,000 millones de euros, muy por encima de la deuda total griega. Otro estudio eleva la cifra a los 677,000 millones de dólares.

En datos macroeconómicos, desde 2009 a 2014, el PIB griego ha bajado el 25%, los salarios reales han caído un 30%, su producción industrial ha disminuido el 35% y su tasa de desempleo es del 28%. Los datos microeconómicos producen pavor.

Todo el sistema social ha sucumbido con más de tres millones de griegos, el 28% de su población sin asistencia médica, la educación, la dependencia, etc., están a niveles de hace casi un siglo. Lo único que palea la situación es la caridad, siendo atendida más de una cuarta parte de la población por organizaciones caritativas, para poderles asegurar una alimentación básica.

Su deuda pública, que en el año 2009 era del 133%, tras las medidas de la troika dirigida por Merkel, ha pasado a 175% del PIB. Es decir, la austeridad ha provocado no solo la ruina de toda una sociedad, sino que además ha resultado inútil, pues los griegos siguen más endeudados que después de la aplicación de tales políticas.

Financial Times, sostiene que muchos inversores ven con beneplácito el programa de Syriza, considerando que sería positivo para el conjunto de la eurozona, al cuestionar el dogma de la austeridad.

Grecia debe a la troika 240,000 millones de euros —más intereses—, la suma de los dos rescates que determinan su ruinosa economía. Estas infaustas cuentas, y el Estado de pauperismo en que sobreviven amplios estratos de la población por los sucesivos ajustes, podrían remediarse parcialmente si Atenas reclama decididamente el dinero que desde la II Guerra Mundial le debe Alemania en concepto de reparaciones de guerra.

La invasión nazi entre 1941 y 1944, dejó un rastro de miseria y matanzas de civiles (Dístomo o Kalávrita), la muerte de 300,000 personas por inanición, ejecución y el exilio de decenas de miles de opositores, está tallada indeleblemente en la memoria colectiva de Grecia.

Alexis Tsipras, quien ha realizado una simbólica visita al monumento de las víctimas de la matanza de Kaisariani en su primer acto como primer ministro, pide que Alemania pague por los crímenes de guerra nazis.

Desde hace 70 años, este es un asunto pendiente que rebasa ampliamente los límites de la crisis de la deuda. Grecia jamás ha recibido compensación alguna, ni por los préstamos que se vio forzada a suscribir para Alemania, ni por los daños sufridos durante la guerra. Por ende, no es una cuestión de dinero, sino de justicia histórica.

Gabriele Zimmer, eurodiputada alemana del partido Die Linke, acota que: “Desde un punto de vista moral, Alemania debe pagar estas indemnizaciones y el préstamo de guerra que obtuvieron durante su ocupación”.