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Que me perdonen los vecinos del Sur, anfitriones de la recién finalizada III Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) porque pienso que los ojos del mundo tal y como esperaba Costa Rica, no estuvieron atentos a su país, sino al discurso que pronunciaría el Presidente de Cuba, Raúl Castro, en relación al tema del “mejoramiento de las relaciones con los EE.UU”. No porque en el tema participan los norteamericanos, sino porque se trata del futuro de la Revolución Cubana.

Todo el intento de las diversas administraciones desde Kennedy hasta Obama por destruir la Revolución, ha sido frustrado por el pueblo cubano, organizado en las diferentes expresiones estructurales, llámense Partido Comunista, CDR, Ejercito, Órganos de la Seguridad del Estado, Ministerio de Relaciones Exteriores, etc.

Lo que en los últimos dos meses hemos visto en el actuar de la diplomacia cubana, nos lleva a una lógica clara. Cuba y sus diplomáticos son un hueso duro de roer. Aunque con salarios más reducidos que otros homólogos extranjeros, su profesionalismo, compromiso y lealtad al Estado y al proceso revolucionario es indiscutible. Es tangible en cada una de sus actuaciones.

Cuba siempre ha estado en la visual de los medios internacionales. El triunfo revolucionario, la invasión a Playa Girón, la crisis de los misiles del 62, las figuras de Camilo, el Che, Fidel, el Mariel, Elián, los cinco, son apenas episodios de la defensa de la Revolución ante la potencia más grande del planeta. A tan solo 90 millas, no ha dejado de pasar por desapercibido en los últimos 55 años.

Como hormigas y sin los gigantescos recursos económicos y mediáticos globales, han trabajado por el reconocimiento y el apoyo internacional a su lucha soberana. Hoy día, 188 países están con Cuba y en contra de los EE.UU. por el bloqueo criminal y toda su política ilegal hacia la isla.

La diplomacia cubana prepara a sus cuadros, estudia permanentemente el mundo con un sistema de flujo de información global desde sus misiones en el exterior, los centros de estudio internacional sobre diversas regiones del planeta, y a la par de otras unidades de análisis situacional y estratégico bien interrelacionadas; planifica sus acciones a corto y largo plazo.

Por eso existe mucha confianza, en que este nuevo capítulo de la misma historia de relaciones bilaterales con los EE.UU., los lleve a un intermedio feliz escrito por ellos, pues de lo contrario su final será diferente.

Fidel ya habló y Raúl también. Los amigos y adversarios de Cuba no dudan de la convicción de sus líderes. Ni de la heroica resistencia ya demostrada del pueblo organizado.

La pregunta que está en el tapete de los analistas, no es ¿por qué entraron en esa dinámica de mejoramiento de relaciones con los gringos? Más bien ¿qué tanto la situación internacional actual no les favorece como para obligarse a sentarse con el demonio?

Con un debilitamiento moral y económico de los EE.UU. y sus aliados europeos occidentales. Con la certeza de que los gringos ni levantarán el bloqueo ni entregarán Guantánamo ni dejarán sus intentos de liquidar físicamente a sus dirigentes y a la Revolución. Con una América Latina que reclama su espacio en los foros continentales, y con Rusia y China de aliados estratégicos, esos buenos deseos al final pueden resultar peor, que seguirles enfrentando.