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“Me llamo Armando y tengo 19 años, los años que tiene el CEPREV de existir. Mis padres siempre vivieron juntos, pero mi papá tomaba mucho y jugaba en las máquinas tragamonedas. Ese es un vicio peor que la droga porque todo su pago lo perdía ahí, y nosotros teníamos que aguantar hambre. Mi mamá pasaba vergüenzas fiando en las pulperías la comida, y hasta la actualidad mi padre no ha podido superar su problema.

Cuando yo cumplí 14 años comencé a consumir drogas para olvidar los problemas que vivía en mi hogar. Ellos peleaban a diario porque él llegaba tomado mientras nosotros pasábamos penurias. Entré en un centro de rehabilitación, pero no me sirvió y cuando salí me metí en una pandilla, empecé a consumir piedra y a robar con intimidación, junto con otros jóvenes de mi barrio.

Empezaron entonces los conflictos con las pandillas de los barrios vecinos. Todos los sábados había enfrentamientos y usábamos armas hechizas, morteros y pistolas 9 milímetros. En una ocasión hubo un muerto en el bando contrario y al amigo mío que lo mató, le cayeron 16 años de cárcel. Mi amigo vendía drogas y sus abastecedores le dieron el arma.

Cuando eso sucedió los del bando contrario consiguieron más armas para vengarse de nosotros. En cinco ocasiones me dispararon pero nunca me dieron. Entre al mundo del narcomenudeo para conseguir más armas y siguieron los enfrentamientos, cada vez peores. El CEPREV trabajaba en mi barrio pero yo no quería cambiar, me gustaba andar en la violencia y ganar dinero fácil con la venta de droga.

Como todo mi grupo iba a los talleres del CEPREV, yo también decidí aceptar la invitación a participar. Una de las psicólogas empezó a darme consultas que me ayudaron mucho, y yo miraba los ejemplos buenos de otros chavalos, como Bayardo, uno de los promotores de esa organización que había andado en el mundo de las pandillas y nos contaba su historia. A esas alturas yo ya me estaba aburriendo de vivir en problemas y pensé cambiar, pero no era fácil dejar de consumir la droga.

Continué recibiendo atención psicológica y eso me motivó a dejarlas definitivamente. Gracias a Dios y con la ayuda del CEPREV llevo ocho meses sin consumir drogas, ya no participo en pandillas ni en el narcomenudeo. Ahora estudio quinto año de secundaria y tengo un trabajo de limpieza. Yo quisiera que mi padre asistiera a las capacitaciones y voy a pedirle a las psicólogas que lo atiendan a él también.

Siento que mi vida ha cambiado mucho. Mi madre me dice que se siente muy feliz porque dejé ese mundo y que por fin Dios escuchó sus oraciones. Yo la hice sufrir demasiado y ahora ella tiene una gran tranquilidad porque en mi barrio se han calmado las cosasy ya no ando en problemas. En los operativos la Policía ha quitado varias armas y eso ha ayudado a disminuir la violencia. El año pasado la campaña “Soy Hombre y no Quiero Armas” que hizo el CEPREV sirvió bastante para animar a los jóvenes a dejarlas porque tuvieron conciencia de que no sirven para nada bueno, solo para matar. En mi barrio ayudó a bajar la violencia y animó a los jóvenes a buscar el deporte, porque se hicieron ligas de futbol para una mejor convivencia.

El barrio se puso alegre con esa campaña porque motivó a muchos de mis amigos a no seguir en las pandillas. Yo antes no sabía que el machismo destruía a los hombres, pensaba que solo destruía a las mujeres. Ahora pienso que a veces nosotros nos sentimos muy hombres cuando usamos armas y queremos mostrar que somos más fuertes que otros con la violencia. El machismo tampoco te deja ser hombre de verdad cuando miramos a las mujeres como un objeto sexual, porque eso no es así, la mujer vale mucho por lo que ella es, su belleza no está por fuera sino por dentro de la persona.

Esto que he aprendido pienso ponerlo en práctica cuando tenga una novia. El machismo no es la actitud adecuada para ser hombre, podemos ser diferentes a lo que muchos hombres están acostumbrados. Yo aconsejo ahora a otros jóvenes de mi barrio sobre esto, y les digo que sí se puede cambiar”.

 

(La autora recoge testimonios de personas que desean compartir sus experiencias de cambio).