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La muerte del fiscal federal argentino Alberto Nisman en circunstancias no muy claras, hasta el momento ha puesto en evidencia el odio de la oposición a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien, sin todavía señalarla con el dedo directamente, responsabilizan y es apuntalada por los medios de comunicación que también adversan a la mandataria de ese hecho que ha conmocionado a toda la sociedad del país sudamericano.

Mi interés no es entrar en detalles sobre la muerte del letrado quien denunciaría horas antes de su muerte --ante una comisión del Legislativo-- a la presidenta Fernández, al canciller Héctor Timerman, entre otros, de ser responsables por haber encubierto la participación de Irán en el atentado contra la AMIA (Asociación Mutual Israel-Argentina) en Buenos Aires en julio de 1994, y que se cobró la vida de más de 80 personas y alrededor de 300 personas heridas.

La justicia argentina dijo que el atentado había sido ejecutado por el movimiento islámico libanés Hezbolá con el apoyo estratégico y económico de Irán. Hezbolá negó su participación. En su momento, Irán también se desvinculó de la acción señalando que las autoridades argentinas estaban influenciadas por los sionistas, en alusión a Israel.

He visto con estupor como la prensa escrita, y ya no se diga la electrónica, ha hecho de este lamentable suceso una especie de negocio macabro, saturando de información y desinformación sus páginas, reconstruyendo situaciones a su gusto y antojo, sacándole casi de la boca las declaraciones a todo aquel que quiera opinar con o sin razón sobre la muerte del fiscal, para plasmarla inmediatamente en sus respectivos medios.

El viernes 23, abrí la página electrónica del diario Perfil y conté en cuestión de segundos 28 notas, incluyendo artículos de opinión, relacionadas a la muerte de Nisman. Hice un recorrido por otros medios, todos de gran circulación y adversarios de Cristina, y los resultados son obvios: Clarín, La Nación, La Prensa, La razón, etc., tienen montones de escritos vinculados a la muerte de Nisman, que sustituyen o amplían como si esos medios fueran los únicos portadores de la verdad.

Que la presidenta hizo un vuelco en sus declaraciones, que quedó al desnudo el derrumbe del poder, que el cerrajero dijo que encontró abierta la puerta de acceso al servicio en donde residía Nisman, que la madre del fiscal contradijo al cerrajero, que por qué no da la cara la presidenta, que solamente lo hace a través de Facebook, que había una nota supuestamente escrita por Nisman para las compras del día siguiente en el supermercado, que desapareció de repente un vecino chino de Nisman y que ahora dicen que está fuera del país... y así van y vienen relatos mediáticos argentinos.

Sin duda, la oposición y los medios se han dado un verdadero banquete dando rienda suelta a sus intereses; la prensa ha expuesto sin fisuras su verdadero rostro, el del sensacionalismo y amarillismo. La presidenta resumió en pocas el que estos sectores interesados utilicen como herramienta política la difamación y la mentira señalando: “lo utilizaron en vida y ahora lo necesitan muerto”. Este trágico suceso tiene otro elemento: las elecciones presidenciales en octubre de este año. El prominente jurista Eugenio Zaffaroni, exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia de Argentina, aseguró que no veía delito en la denuncia de Nisman, incluso, si se probara lo que dice, desde el derecho no hay delito. Matizó que el fiscal pudo haber sido víctima de pistas y datos falsos.

Unos de los últimos elementos agregados a las historias que cuentan estos medios es que la pistola utilizada con la que supuestamente se dio un tiro en la cabeza el fiscal, es la preferida de los sicarios. La deducción está bien clara. La misión es enlodar a la mandataria en un juicio político por adelantado. Todo, al parecer, se vale si eso representa una victoria electoral en octubre.