•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Recordar es volver a vivir y olvidar es también vivir de nuevo. Y vivir con calidad de vida.

Los tiempos modernos son de mucha exigencia y cambios acelerados que nos llevan a desgastes y fatigas constantes, lo que incide en nuestra salud mental.

La ciencia, investigación y la tecnología de hoy procuran prolongar la expectativa de vida, y con ella, la capacidad de mantener nuestra memoria lo más normal posible, guardando los detalles de todo lo que hacemos o pensamos hacer. Sin embargo, cuánta necesidad tenemos de olvidar sucesos, eventos y experiencias pasados que marcan nuestras vidas de manera negativa. El Llamado estrés postraumático del que hablan en neurociencias (neurología, psicología, psiquiatría).

Es evidente que necesitamos borrar de nuestro disco duro (cerebro) lo que ya no usamos para dar espacio a información más reciente, y que sea positiva, propositiva, que nos haga crecer como individuos en sociedad y poder contribuir al desarrollo comunitario, familiar y de la nación.

Se dice hasta la saciedad que el pueblo que olvida su historia no es capaz de alcanzar desarrollo y repite nuevamente sus errores. Realidad parcial, como toda verdad. Nada es absoluto. Los sucesos recientes de búsqueda de armonizar relaciones entre Estados Unidos y Cuba; entre Colombia y la guerrilla de las FARC-ELN; entre Venezuela y su oposición; entre Rusia y Ucrania, entre Israel y Palestina; entre cristianos y musulmanes; entre algunos de los grupos, etnias o países en conflicto en cualquier parte del planeta, debe llevar implícita la capacidad de olvidar.

Pero, ¿cómo olvidar los millones de indígenas muertos durante las conquistas, de las guerras mundiales, cómo olvidar las masacres durante la apropiación de riquezas naturales en Medio Oriente, en África, América Latina y otras regiones del mundo? ¿Cómo olvidar tanto dolor de parte de opresores militares, religiosos, mercaderes? Inevitablemente que debemos aprender a olvidar si queremos alcanzar un estado de salud integral, físico y mental.

La teoría explica que poseemos una zona en el cerebro llamada hipocampo donde se concentra nuestra mayor capacidad de memorizar, vecina de otra zona llamada área límbica, donde se manifiestan las emociones, pero que también ambas características (pensar y sentir) se distribuyen en toda la corteza del cerebro. Es decir, somos ideas, sentimientos y acciones. Cuánta dificultad entonces de no sentir dolor por las injusticias, de no sentir un impulso de actuar para cambiar las cosas, de querer cambiar el injusto orden actual de las cosas. Todo eso debemos aprender a cambiarlo si queremos que la paz del mundo sea una realidad.

Así como se inventan foros mundiales para atender el problema del cambio climático, se inventan grupos de países para revisar problemas específicos como el precio del petróleo, el comercio internacional, etc., también debería crearse un Foro Mundial para la Paz, que integren los principales países promotores de la guerra y las víctimas de las mismas. No existe otra manera de detener el inminente proceso de extinción de la especie, donde solamente sobrevivan las cucarachas y especies inferiores.

Olvidar entonces debe ser un elemento necesario y positivo para avanzar en este propósito. Al igual que la parábola o pasaje de la estatua de sal por volver la vista hacia atrás, miremos siempre adelante en busca de una verdadera coexistencia pacífica entre todos. Blancos, negros, amarillos, rojos, católicos, islámicos, evangélicos, budistas, todos y todas por un mundo mejor. Salud mental

para todos.