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Igual que una casa donde a cada espacio le asignamos un destino para que funcione ordenada y organizada la familia, de la misma manera nos corresponde organizar nuestras ciudades, nuestra casa, en donde la basura, los mercados, cementerios, cauces, centros de distracción, etc., deben tener un lugar. Y en ellas está, como lugar de necesidad y desarrollo un espacio, una zona para el estudio. Nuestra casa como nuestra ciudad, la casa grande, debe destinar un territorio para nuestros jóvenes, en el desarrollo del conocimiento y de nuestro futuro como país.

Todas las tardes ocurre la terrible e interminable diáspora, algunos dicen migración, desde las universidades, que viajan por horas a distancias municipales fuera de la zona, por los altos costos que representan una habitación y alimentación en Managua. O bien hospedarse a extremos de la ciudad por el sector de Carretera Norte, Carretera Sur u otros, donde deben abordar dos o tres buses a diario para llegar, bajo un sistema de transporte que aun en la mejoría que ha tenido, requiere más ajustes.

¿Qué costo mensual representan para los padres esos viajes diarios? ¿Cuánto tiempo se invierte y se pierde en las paradas de bus al ir y regresar diario? Y no se diga de lo que pasa por la noche, cuando es una verdadera odisea encontrar transporte de regreso a sus municipios: Masaya, Granada, Masatepe, Jinotepe, Ticuantepe, Tipitapa, Ciudad Sandino, etc.

En algunas universidades, el estudiante clama salir temprano, ante la amenaza silenciosa y dura de quedarse sin transporte de regreso a su domicilio, y el tema de seguridad como la constante que va en paralelo. Una situación donde profesores y autoridades no pueden hacer nada. La regulación del transporte es competencia de otros.

Estamos en una época de tecnología: laptop, redes, clases virtuales, libros electrónicos, etc. Pero los estudiantes se arriesgan en extremo si se atreven a llevar estos aparatos tanto por su integridad física, como en el patrimonio, ante el muy seguro robo. Son múltiples los sacrificios para comprarlos debido a los problemas económicos familiares en cada caso. No utilizarlos, limita las capacidades de trabajo, investigación, exposición, comunicación, impresiones, etc.

Así se unen tiempo perdido, costos elevados, inseguridad, desgaste físico innecesario, límites en el uso de tecnología, por citar algunos. ¿Acaso no se podrían disminuir estos males con la declaración de un Distrito Universitario? La idea incluiriría entre uno de sus pasos, financiar y planificar la construcción de residencias universitarias accesible en costos, puentes peatonales entre las universidades.

Con solo una sexta parte de esos 60,000 estudiantes tendríamos 10,000 estudiantes en la zona. Resulta un asunto de tiempo y desgaste físico que se puede redirigir al estudio. Es el tiempo que se nos va de manera tan lamentable hoy; es también el límite de no poder llevar sus equipos a la universidad.

¿Qué significaría declarar un Distrito Universitario? En principio disminuir la gran diáspora diaria, consolidar horarios de clases en las universidades por las noches y los sábados; horarios de las bibliotecas; atraer escuelas de idiomas como portugués, de la Embajada de Brasil, que ofrece becas gratis a su país para diversos grados académicos y casi nadie lo sabe, lo que quedaría accesible a los universitarios. Hablamos de inversión pública y privada coordinada. Brindando mayor disponibilidad de tiempo para el estudio de los jóvenes, ante un menor desgaste físico, un mejor y mayor uso de sus equipos para transportarlo de la residencia a la universidad y viceversa. Hablamos de dar vida a lugares de encuentro universitarios en los parques (ya el parque central de León y Masaya poseen zonas wifi), acondicionados para cafetines (sector privado) donde exista vida universitaria, que tanto nos falta.

Hablamos de esto dentro de un contexto que está variando sustancialmente nuestra historia, la construcción del Canal Interoceánico por ejemplo, donde el estudio es vital para caminar como país. (II)